sábado, 16 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 10

Esa tarde en la casa de Layla

Layla se estaba preparando para cuando llegara David, se miraba al espejo continuamente, se puso un brillo de labios y bajo a la cocina, en una notita escribió a sus padres “volveré más tarde, he salido un momento a dar una vuelta, os quiero y no os preocupéis”, Layla nerviosa miraba el reloj cada minuto, la última vez que lo miro faltaban solo 10 minutos para que llegara David, cada vez se estaba poniendo más nerviosa, entonces se empezó a reír sola y se dijo para sí misma: “pareces una niña pequeña, no es la primera vez que vas a estar con él”.
De repente sonó el timbre y enseguida corrió a abrir la puerta, era David que se había adelantado a la hora acordada.
- ¡Wao! qué guapa estás – dijo David con una cara de asombro que era imposible disimular.
Otra vez sintió que sus mejillas le ardían, se había puesto rojísima como siempre le pasa cuando le dicen algo que no le suelen decir o le hacen un piropo, aunque ya se había acostumbrado a los de David.
- Muchas gracias – dijo Layla con una sonrisa de oreja a oreja.
- Bueno vámonos ¿no?
- Claro que sí, dame un minuto que coja mis cosas y salimos.
Layla subió a habitación y cogió su bolso, entonces bajo hasta donde le estaba esperando su acompañante.
- Ya estoy lista – entonces David le puso su brazo para que se cogiera de él.
- Pues vámonos entonces – David espero a q Layla cerrara la puerta de su casa y salieron.
Empezaron a caminar y David sabía perfectamente a donde la llevaba.
- ¿A dónde vamos? – le pregunto a David al verlo tan decidido hacia donde se diría.
- es todo una sorpresa, así que no puedo decirle nada señorita Layla.
- Jo, eso es injusto – dijo Layla que odiaba que no le dejaran con la incógnita
- Bueno llegaremos enseguida y lo sabrás, no te desesperes cariño – a David le hacía mucha gracia esa situación, ver la cara de entusiasmo de ella le devolvía la confianza de que todo volvería ser como antes, pero sabe que no todo sería tan fácil.
Seguían caminando y se estaban acercando al sitio donde David había preparado una sorpresa para Layla
- Tápate los ojos
- no quiero – le dijo ella sacándole la lengua.
- Sabía que dirías eso por eso he traído una venda para taparte los ojos.
Layla chasqueo la lengua, odia que le conozca tanto, aunque por una parte le gustaba eso porque sabía todo de ella, él se acercó a ella y le vendo los ojos
- ¿ves algo? – dijo el haciendo señales delante de ella para comprobarlo.
- Si, un chico muy feo – entonces soltó una carcajada cuando acabo la frase.
Él cuando escucho eso y al verla a ella con su sonrisa le dio ganas de darle un beso pero se resistió porque sabía que si lo hacía metería la pata así que prefirió ir despacio y le dio un beso en la mejilla.
- Hey, menos confianzas eh! Que todavía no he cedido – dijo Layla frunciendo el ceño.
- Tranquila, no me pasare
- Bueno eso espero – dijo sonriendo, sabía que él todavía le quería y lo notaba pero quería ir despacio y asegurarse que todo iría bien. De repente se le vino a la cabeza Alan, pobre chico como podía haberle dicho que no después de lo bien que lo pasaron ayer, sabía que los recuerdos y momentos que tenía con David era una razón de peso para haberle dicho que no, pero aun así se sentía mal, pero le prometió que se lo recompensaría.
David la llevaba de la mano para que no se cayera con la venda puesta, habían llegado a su destino
- Puedes quitarte la venda – estaba nervioso, no sabía si eso le gustaría a ella.
Cuando Layla se quitó la venda puso sus manos en la boca, no sabía que decir.
- ¿Pero… pero esto es para mí?
- No, es para la chica que viene ahora – dijo irónicamente - ¡pues claro que es para ti Lay!
- ¡Es súper bonito! – Layla miraba con atención lo que había preparado David para ella, había puesto en la hierba una sábana y encima de ella un montón de pétalos de rosas blancas sus preferidas formando, en el centro estaba su nombre escrito con pétalos de rosas también, David sabía que esas cosas le encantaban a Layla  y por eso lo preparo, además de eso había preparado un picnic para ella con la comida que más les gusta, a ella le hizo mucha ilusión que el preparara solo para ella, algo le decía que después de todo ese chico seguía siendo para ella.
- Cada día me sorprendes más ¿sabías?
- Eso intento – le dijo guiñándole un ojo.
- Bueno quieres probar los pastelitos que tanto te gustan, no soy experto cocinero pero me has salido digamos que medianamente bien
- Bueno tendré que probarlos para saber si están ricos
- Esta bien chica experta pruébalos – David cogió uno de la cesta en la que estaban y se lo dio, ella lo probo y se quedó un rato saboreándolo.
- bueno… no están mal, pero he probado mejores – dijo riéndose de aquel chico que esperaba con inquietud la opinión de la chica.
- ¿Cómo que mejores? Sabes perfectamente que están para chuparse los dedos.
Por un momento Layla era inmensamente feliz, volver a pasar esos momentos con David sin que nadie se entrometa entre los dos, le hacía tan feliz, pasaron una gran tarde riendo y pasándolo muy bien, volviendo a los viejos tiempos, cuando era la hora de volver a casa David le acompaño, estaban en la puerta de la casa de Layla
- Muchas gracias por todo David
- No, gracias a ti por darme la oportunidad de pasar esta tarde contigo, espero que te hayas divertido y te haya gustado mi sorpresa.
- Claro eso no lo dudes, bueno tengo que entrar ya en casa que se me hace tarde.
Layla se acercaba a él para despedirse e impulsivamente dirigió su boca a la de él, David le correspondió y la envolvió en sus brazos, fue un beso muy cálido y fue un momento en el que los dos eran más felices que nunca, pero de repente Layla se apartó.
- no debería de hacer esto
- No Lay es lo que sientes, no puedes ocultar los sentimientos
- Lo sé pero no quiero ir tan rápido luego otra vez volveremos a lo mismo y no quiero eso
- Te prometo que esta vez no fallare, te lo prometo de verdad.
- Me lo pensare, no quiero anticiparme y luego volverme a equivocar.
- está bien respeto tu decisión, pero espero que me contestes y sea un sí.
- bueno ahora debo volver, adiós David.

- adiós cariño te quiero, recuérdalo siempre – se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, ella entro en casa, todo era un dilema ¿Qué hacía ahora? Lo quería eso estaba claro pero y si vuelve a pasar otra vez lo mismo no se lo perdonaría a ella misma por haber caído otra vez, pero con ese beso David le demostró que es diferente y que de verdad la quiere, todo el mundo se equivoca, pero aun no sabía si volvería con él.

2 comentarios:

  1. Bienvenida a este mundo, blogueril, me alegro de tenerte por aquí también bonita historia, me ha encantado lo mejor, es que escribas un libro...
    ¿Y luego que pasará con estos dos chavales, me he quedado con la incógnita...¿Donde esta el apartado de seguidores.
    Hasta pronto bonita...

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    1. gracias por leerlo tia :) espero q le haya gustado, bueno estoy diseñandolo un poco haber si queda mas bonito

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