lunes, 6 de enero de 2014

CAPÍTULO 17

Esa misma tarde en un hospital de Lead

Alan estaba viendo la tele costado en la cama, no le apetecía levantarse a ningún sitio, sentía que le dolía absolutamente todo el cuerpo aunque en realidad y para su buena suerte solo tenía unos pequeños rasguños en los codos y en las rodillas, justo en el momento en el que entró esa chica por la puerta estaba pensando en ella.
-¡Layla! – pensó que la había llamado con el pensamiento
- Hola Alan – Le dijo mientras se acercaba a darle un beso en la mejilla, y le ofreció una caja de dulces que le había traído – espero que te gusten – le dijo con una media sonrisa
- Muchísimas gracias, seguro que me encantan – dijo mientras habría la caja y cogía uno de esos dulces que tan buena pinta tenían, Layla aprovecho y cogió uno antes de que Alan le dijera algo, pero fue tarde – has dicho que los has traído para mi ¿no? – Alan le apartó la caja mientras se le escapaba una risita
- Venga Alan no seas malo, dame uno – al chico no se le veía con intenciones de darle uno así que Layla se abalanzó sobre Alan y empezó a hacerle cosquillas hasta que le diera uno
- ¡para Lay, para! Está bien, te daré uno pero deja de hacerme cosquillas – Alan no aguantaba más, las cosquillas eran su debilidad, así que cedió y le dio un dulce a Layla, ella satisfecha por haberlo conseguido se reía para sus adentro mirando al chico con picardía.
Él se sintió muy feliz al haber como Layla en 5 minutos había conseguido hacerlo sonreír con un detalle tan pequeño, y deseó que ella no se fuera de allí el resto del día, justo en ese momento entró Ana la madre de Alan con una bandeja de comida para su hijo, se le había olvidado por completo que tenía que comer.
- Hola chicos – Ana había conocido a Layla el día anterior cuando le llamaron de urgencias para avisarle que habían atropellado a su hijo, cuando llegó la chica estaba constantemente disculpándose con ella por lo sucedido, a pesar de que no le gusto que su hijo estuviera en esa camilla y que estaba muy preocupada por él, se dio cuenta que esa chica era tan simpática como Alan le había contado, estuvieron toda la tarde del día anterior hablando y le cayó muy bien, sabía que ella no era la culpable del accidente de su hijo.
-  Hola Ana – dijo Layla
- Hola mama, ¿has visto que bien acompañado estoy? – dijo mientras dirigía su mirada a Layla, la chica que al ver como la observaba la madre del chico se ruborizó y se obsequió a Alan un codazo, Alan enseguida empezó a reírse de ella, le gusta mucho lo tímida que es, verla con los mofletes clorados era lo mejor pensaba él.
- Alan cariño mira cómo has puesto a la pobre Layla – al escuchar eso de parte de Ana no pudo evitar ponerse más roja, sus mejillas le ardían y quería taparse la cara de la vergüenza que estaba pasando gracias a Alan, ese chico es tan malo con ella a veces.
- No pasa nada… - dijo Layla intentando disimular su enrojecimiento, pero era inevitable, Ana al notar que la chica estaba empezando a sentirse un poco incómoda decidió cambiar de tema.
- Bueno Alan es hora de comer, así que deja esos dulces encima de la mesa.
Alan le hizo caso y cuando dejo los dulces su madre le puso la bandeja encima de sus piernas para que pudiera comer, mientras Layla estaba sentada en la silla que había alado de la cama de Alan, justo en ese momento sonó el teléfono de Ana y contesto, salió fuera de la habitación para poder hablar mejor, estaban los dos solos pero ninguno decía nada, Alan pensó que posiblemente Layla se había molestado más de lo que pensaba aunque no era su intención, entonces dejo la bandeja de comida encima de la cama, se levantó como pudo porque el dolor de su cuerpo no le dejaba movilizarse demasiado y se acercó a ella por detrás dándole un fuerte abrazo.
- Gracias – le dijo al oído y a continuación le dio un beso muy fuerte en la mejilla.
- ¿gracias porque?
- por estar aquí conmigo acompañándome
- en realidad la que tengo que dar las gracias soy yo a ti, si no me hubieras empujado fuera de la carretera posiblemente sería yo la que estuviera en esa cama – se dio la vuelta y le dio otro abrazo a él, le debía mucho más de lo que pensaba – pero no vuelvas a decir eso delante de tu madre por favor estaba queriendo matarte por dentro – le dijo mientras se empezó a reír
- Lo siento mucho, la verdad es que es bastante divertido verte sonrojada aunque lo evitare siempre que pueda ¿vale tomatito?
- ¿tomatito? Déjame en paz Alan – dijo ella intentando mostrar que estaba enfadándose pero es muy mala intentando mentir.
- ¿te vas a enfadar? Venga Lay sabes que es una broma… - Alan al no recibir respuesta por parte de la chica se acercó a ella y empezó a hacerle cosquillas, se la estaba devolviendo por haberse aprovechado antes de él, Layla empezó a reír sin parar no aguantaba las cosquillas, intentaba librarse del chico pero le resultaba imposible, estaban tan entretenidos que no se percataron que desde la puerta les observaba Ana que acababa de colgar el teléfono y había entrado a la habitación.
- Pero que entretenidos estáis ¿no? – Al escuchar la voz de Ana, Alan dejo de hacerle cosquillas a Layla y ella se enrojeció nuevamente, Ana reía al ver como los dos chicos se quedaron quietos – tranquilos que no os voy a comer a ninguno, me ha llamado John, tu padre y me ha dicho que si le podía llevar unos documentos a su oficina así que ahora pasare por casa a cogerlos e iré a dárselos, no me preocupo porque te quedes solo te veo muy bien acompañado – dijo guiñándole un ojo Alan.
- no te preocupes mama, Lay se quedara aquí conmigo.
- Esta bien, volveré cuando haya acabado, adiós chicos – se acercó a Alan y le dio un beso y otro a Layla
- Adiós Ana – dijo Layla más tranquila y con una sonrisa.
Cuando Ana salió por la puerta Alan empezó a reír
- ¿Qué te causa tanta gracia?
- recordar la cara que has puesto cuando mi madre nos ha visto.
- ¡a mí no me hace gracia Alan! Venga deja de burlarte ya de mí – le dijo, Alan era un gran chico no dejaba de hacerla reír y se lo pasaba muy bien con él, al menos le hacía olvidar los malos momentos que había pasado y hacía que estuviera feliz.
- Sabes que lo digo con cariño
- Si, si claro – no podía enfadarse con ese chico era tan único – menos hablar y más comer que no has comido nada y estando enfermo si no comes es mucho peor.
- Como ordene la señorita Layla – siempre tenía algo que decir para que ella sonriera, y eso le gustaba.
Estuvieron toda la tarde hablando y comentando cosas de diferentes temas, conociéndose un poco más. A Alan cada vez le gustaba más Layla y haría cualquier cosa para que este con él y sabe que de momento no va por mal camino

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