martes, 26 de agosto de 2014

CAPÍTULO 26

Dos semanas después

Cuantas cosas han cambiado pensaba Layla mirando al techo de su habitación, no puede creerse que vaya a viajar a Canadá con sus padres, se pellizca de nuevo, no puede ser cierto está a dos horas de coger un avión de repente siente que la cama empieza a temblar y que el suelo poco a poco se va cayendo, empieza a gritar desesperada en busca de ayuda, pero nadie acude a su llamada ¿Qué está pasando?
- Lay ¿estás bien? – pero ella no despertaba se movía de un lado para otro de la cama gritando, estaba teniendo una pesadilla espantosa, de eso está seguro - ¡Lay!
Y ella de un salto despertó, en cuanto vio que tenía a Alan a su lado se sitió aliviada de saber que tan solo era una pesadilla y se lanzó a sus brazos para darle un abrazo.
- ¿Estás bien? – preguntó el chico preocupado al verla tan pálida.
- Sí, gracias tan solo he tenido una pesadilla, pero estoy perfectamente – le responde mientras le muestra una sonrisa de oreja a oreja.
Como es posible que pase lo que pase y este como este, a pesar de todo siempre le muestre una sonrisa, esa sonrisa de la que se enamoró desde el primer día en que la vio.
- ¿y ahora que te pasa a ti? – le dice Layla fijándose que el chico tenía la mirada perdida.
- Nada, estaba recordando una cosa.
- ¿Y no me lo piensas contar?
- Pues no – le dice sacándole la lengua.
- ¿De verdad? Recuerdas que la última vez que hiciste eso tu saliste perdiendo – mirándolo con cara de picardía.
Alan recuerda que la última vez que pasó eso Layla se lanzó sobre él para hacerle cosquillas y no podía apenas respirar, es una experta haciendo cosquillas y además ha descubierto que es el punto débil del chico, en ese momento Layla se dispone a hacer lo mismo que hizo aquel día y así lo hace se abalanza sobre él y Alan intentando protegerse se cubre con el cojín que tiene encima de su cama, pero no lo consigue, ella se lo arrebata y lo tira al suelo.
- ¿Me lo vas a contar ya?
- ¡Claro que no! No me riendo tan fácilmente.
- Esta bien, tú lo has querido – cada vez le hacía más cosquillas, cuando intentaba esquivarla la cogió por la cintura para apartarla y no se dio cuenta que quedaba muy poco espacio en la cama para ella y sin querer cayó al suelo, que fallo más grande pensaba él, seguro que se ha hecho mucho daño, Layla no se movía y Alan se asustó, cuando corrió hacía ella para ver si se encontraba bien ella se giró lo cogió por la mano y lo tiró al suelo.
- ¡Esto no se vale! – Dijo él quejándose – Me has dado un susto tremendo, eres muy mala ¡eh!
- Sea como sea sé que me quieres.
- No te quiero – hizo un silencio- te adoro pequeña.
Se acercaron el uno al otro y terminaron dándose un beso cargado de bonitos sentimientos que sentían el uno por él otro, Layla se había encariñado muy fácilmente de él, como no hacerlo si se había ganado todo su cariño a pulso, se alegra tanto de que alguien como Alan se haya cruzado en su camino que no se arrepiente de nada, además hace 4 semanas apenas recordaba nada de su vida, ni de nadie, y gracias a él ha vuelto a ser la misma Layla que era antes del accidente, él había sido paciente, aguantó cada uno de sus lloros al sentirse impotente por no poder recordar nada, la hizo reír, hacía todo lo que ningún chico había hecho hasta entonces por ella y así fue como él consiguió que ella se enamorara de él.

Hace una semana

Layla había pasado una mañana entera en el hospital, rodeada de cables y más cables, Alexander su médico la había citado ese día para hacerle unas pruebas y ver cómo iba progresando su amnesia, estaba esperando en la sala de espera a que la llamaran para darle el resultado de las pruebas médicas, no estaba tan nerviosa como hace 4 semanas cuando le dijeron que había perdido su memoria y que no sabían cuánto tiempo tardaría en recuperarla, pero ahora se siente feliz porque sabe que ha mejorado mucho desde entonces y se siente orgullosa de todo lo que ha conseguido recordar, porque ha recordado la gran mayoría de las cosas, aunque lo que más duro le resulta recordar es el accidente que le provocó el estar así.
- Ya verás que todo está perfectamente – le dice Alan mientras le coge de la mano.
- No estoy preocupada, bueno tal vez un poco, pero sé que las cosas han mejorado más de lo que quisiera y además con la buena compañía que tengo no me puedo quejar – y le da un abrazo muy fuerte, intentando demostrarle lo agradecida que esta con él por todo lo que la ha ayudado y acompañarla en todo momento, desde que lo conoció Alan no se ha separado de ella en ningún momento, a pesar de todo siempre estaba ahí con ella incondicionalmente.
- ¿Te digo algo?
- ¿El qué?
- Siempre estaré contigo, ya lo sabías ¿verdad?
- Claro que sí, me lo dices todos los días – A la cabeza de Layla vienen todos los mensajes que le envía Alan a ella antes de dormir y al despertarse, al final de todos los mensajes pone siempre “No olvides que siempre estaré a tu lado. Te quiero” esos mensajes que le enamoran cada día más de él.
- Layla, puedes pasar – salió una enfermera de la consulta de su doctor y ella entró.
A Alan se le hizo eterna la espera mientras Layla recibía el resultado de sus pruebas, cuando salió y lo vio con una sonrisa de oreja a oreja sabía que todo serían buenas noticias.
- El médico me ha dicho estoy totalmente recuperada, claro que aún me quedan secuelas psicológicas, pero mi memoria está totalmente recuperada, que ha sido sorprendente lo rápido que he podido recuperarla – se queda callada un momento mirando al suelo – gracias por todo.
- ¿Gracias por qué? Si yo no he hecho nada.
- claro que has hecho y mucho, sin ti no hubiera conseguido la mayoría de cosas que he conseguido. Te quiero mucho – le da un abrazo muy fuerte y seguido le da un pequeño beso en los labios – Alan se siente feliz de saber que Layla está totalmente recuperada.

Mientras tanto en otro lugar de la ciudad, después de una semana.

Llegaba a su casa cansada del duro día que había tenido ayudando a su madre en el bar, de repente en el felpudo vio un ramo de flores, y tenían en su interior una tarjeta la cogió y en ella ponía “Espero que tu día no haya sido tan duro, no pienses que me he olvidado de ti cariño. Te quiero” pero que bonito detalle, es lo más bonito que le han hecho nunca, llegar cansada y recibir un ramo de flores de su novio, abrió la puerta y vio una rosa y más adelante otra y así sucesivamente vio como las rosas formaban un camino, unas la llevaban hasta la cocina y otras hasta su habitación, decidió tomar el camino primero hacia su habitación subía las escaleras con los nervios de punta, no sabía lo que se iba a encontrar, abre la puerta sigilosamente y se lleva las manos a la cara, sigue sin creérselo ¿Cómo ha podido hacer todo eso?

Es tan bonito que no puede salir de su cara de asombro, mira cada detalle de la habitación, globos por todos sitios y un pequeño regalo al filo de su cama, una caja de su bombones preferidos, pero menudo detalle más bonito, de repente suelta una lágrima de felicidad, hace apenas unas semanas estaba pasando por el peor momento de su vida, pero todo había dado un vuelco, vio que a lado de la caja de bombones había una tarjeta, la abrió y ponía “si estás leyendo esto es porque has decidido seguir el camino primero hasta aquí o porque ya has venido de la cocina de todas formas, las sorpresas no terminan, lo mejor hay que dárselo a las mejores personas por eso tú te mereces lo mejor. Mira por la parte de atrás”  en la parte de atrás ponía en letras grandes “Ya quiero sentir mi sonrisa ha centímetros de la tuya” Esa frase nunca la olvidará, ni tampoco el día en que se la dijo, ella estaba pasándolo muy mal con la separación de sus padres y él le dijo que no quería verla así y que haría lo que fuera por verla sonreír fue entonces cuando él le dijo eso, un momento único. Se acordó que tenía que ir a la cocina porque como bien decía la tarjeta las sorpresas no han acabado y  enseguida cogió el camino que le dirigía a la cocina cargada de emoción, sabía que ese día sería uno de los mejores desde hace mucho tiempo y que sea como sea y pase lo que pase gracias a él, no lo olvidaría jamás.



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