domingo, 27 de octubre de 2013

CAPITULO 6

En una habitación la mañana siguiente

Layla se acababa de despertar, su primer pensamiento fue la estupenda tarde que paso ayer con Alan, ese chico tan especial con el que estuvo ayer y no puede olvidar, cuando regreso a casa su madre la noto más feliz de lo normal, tenía una sonrisa que no podía quitar de su cara, lo único que quería era volver a estar con él, solo pensaba en lo feliz que había sido durante unas pocas horas se había olvidado de todo incluso de lo que le había pasado hace menos de 3 semanas, Alan le había devuelto la ilusión de vivir, de seguir recordando, le había llenado de esperanza, ese chico tampoco lo había pasado bien, recuerda cuando le contó que el trabajo de su padre no les dejaba quedarse en un sitio fijo, cuando le dijo eso ella se desilusiono un poco porque pensó que no permanecería mucho tiempo allí, no podría conocerlo tanto como quisiera, pero todo cambio cuando el terminó diciendo que John, su padre le había dicho que estaba vez sería permanente, esta vez podría hacer su vida aquí empezar desde cero sin tener que esperar que cualquier día le dijera que se volverían a ir, le parecía un chico muy guapo, además de una gran persona con las ideas claras, cuando ella le contó lo que le había pasado se sorprendió de que el no fuera como todos los demás era la única persona hasta entonces que no le había dicho lo típico de "todo irá bien" recuerda sus palabras, esas que le llenaron de esperanza de nuevo: "Las cosas pasan por algo, si perdiste la memoria por algo fue, tal vez te parezca una tontería y dirás que suerte tengo que me ha tenido que tocar a mí, lo sé yo también pienso eso cuando algo me sale mal, pero no todo es malo, la verdad yo ahora mismo estoy más que agradecido de que me haya mudado, estoy conociendo a una persona increíble y si te das cuenta si no me hubiera mudado y sugiera en mi antigua casa, no estaría aquí contigo, viendo esa bonita sonrisa que tienes". Cuando Alan le dijo eso ella se puso roja como siempre, la hizo sonreír y sentir que parecía que le conocía de toda la vida, como si ese fuera un día de los tantos que han pasado juntos, Layla se imaginó como sería su lo hubiera conocido antes, igual todo hubiera salido mejor, pero aun no recuerda nada de cómo es su vida, solo a sus padres y poco más, Layla ha estado dándole mil vueltas a que si recuperó recuerdos vividos con sus padres nada más entrar en casa, cree que la solución sería ir a los sitios donde ha estado, estar con las personas que son importantes en su vida, tal vez así pueda recordar todo, se ha propuesto pasar por cada uno de esos lugares, quiere recuperar la memoria cuanto antes, entonces en ese momento se le ocurrió que podría decirle a Alan que le acompañe y así de paso le enseña un poco la ciudad, iba a llamarlo, pero hizo un chasquido cuando se dio cuenta que con las prisas no se pidieron los teléfonos, justo en ese momento tocaron al timbre de su casa, estaba esperando que su madre o padre fueran a abrir la puerta, al ver que nadie lo hacía decidió ir ella, estaba aun con el pijama, tal vez sería el cartero o alguna personas de las que suele dejar publicidad, cuando abrió la puerta se quedó perpleja, parecía una estatua, tenía delante suya nada más y nada menos que al chico que no apartaba de su cabeza desde que se había despertado, Alan estaba delante suya con su sonrisa perfecta
- Hola Layla, pasaba por tu casa y decidí hacerte una pequeña visita - le había mentido en realidad esta mañana él se había despertado con la idea de pasar por su casa a visitarla, estaba esperando que sus padres salieran de casa y en cuanto vio que los dos se subieron al coche, se dirigió a su casa con la intención de verla, estaba aun con el pijama pensó que la había despertado - ¿te he despertado? lo siento no era mi intención, si quieres vuelvo más tarde o  quedamos en el parque de ayer - igual había sido muy precipitado el ir a visitarla así inesperadamente, sin avisar.
- No pasa nada tranquilo, aunque justo me acababa de despertar y me has pillado con estas pintas - otra vez se ruborizo, la había pillado con el pijama puesto y sin peinar, completamente echa un desastre en esos momentos quería que la tierra la tragara, era una situación un tanto incomoda, pero a la vez divertida - pero pasa, subo a cambiarme y enseguida estoy contigo.
Layla lo hizo pasar y le hizo que la siguiera hasta el salón para que se sentará en el sofá, ella subió a cambiarse de ropa y a arreglarse un poco, para estar un poco más presentable después de como la había visto ya no había nada que remediar pensaba ella aunque cuando se imagina su cara al verlo allí en la puerta de su casa comenzó a reírse sola en su habitación, se miró al espejo y se dio cuenta que tampoco era para tanto, no era la forma en la que pretendía que le viera él pero no había más remedio, cuando ya estaba lista bajo y allí estaba él.
- ya estoy lista - dijo con una sonrisa.
- Perfecto - él se levantó, con los nervios se había olvidado de que le había traído a Layla unos churros para desayunar - ay! lo siento se me había olvidado que había traído esto para ti - él le ofreció los churros y ella los cogió encantada, cuando abrió la bolsa y vio que eran churros se rió, le pareció un bonito detalle
- muchísimas gracias Alan, los churros son mi debilidad, es más es mi desayuno preferido - ese chico cada vez le sorprendía más, sabía fijarse en los detalles y eso es algo que a ella le gusta mucho.
- me alegro que te gusten, he pasado por la churrería de aquí alado y pensé que igual te apetecería desayunar algo.
- ¿te apetece desayunar conmigo?
- Claro por qué no, no me parece mala idea - ya había desayunado pero no iba a rechazar la oferta de pasar más tiempo con Layla.
Cuando fueron a la cocina, Layla cogió dos tazas para servir el chocolate que su madre había hecho en el desayuno
- ¿te importaría poner los churros en un plato? -  le señalo donde tenía los platos y el cogió uno
  - claro que no, Lay
- ¿Lay? tú te aprovechas mucho de esto de la confianza ¿no? -Layla estaba bromeando pero como Alan no le conocía pensó que hablaba totalmente en serio y que igual había abusado mucho de la confianza que tenían
- lo siento de verdad, solo pretendía que te sintieras cómoda.
Layla se empezó a reír y el no entendía nada, Layla se acercó a él y le dio un beso en la mejilla
- Era una pequeña broma Alan para romper el hielo, quiero tener una buena relación contigo y que nos vayamos conociendo poco a poco
Alan también empezó a reírse y le devolvió el beso a Layla, ella no esperaba ese gesto de su parte así que otra vez sus mejillas ardiendo, Alan se rió al darse cuenta de que siempre  se sonrojaba, era una chica especial y eso era lo que le gustaba de ella, Layla intento cambiar de tema
- estuve pensando que tal vez podríamos salir un día de estos a dar una vuelta y te enseñaba la ciudad un poco ¿qué te parece?
- Justo estaba pensando en pedir ayuda a alguien porque necesito comprar unas cosas y no tengo ni idea de donde están las tiendas, bueno en resumen no sé dónde está absolutamente nada
- bueno tu dime el día y la hora y veré si te puedo hacer un hueco en mi apretada agenda - Layla lo miro con una mirada picara y sonriéndole, él se dio cuenta de que era otra de sus bromas así decidió seguirle la corriente
- pues sería posible señorita Layla que me hiciera un hueco esta tarde a las 5 si le parece bien y no tiene ningún plan claro.
Layla soltó una carcajada e hizo como si sacara una agenda imaginaria de su bolsillo y fuera pasando páginas.
- eres un chico con suerte, exactamente esta tarde la tengo vacía - le guiño un ojo cuando acabo la frase y le sonrió, se lo está pasando de maravilla, uno de los mejores desayunos desde hacía semanas.
- me parece genial entonces pasare a recogerla a esa hora señorita Layla
Los se echaron a reír, no solo por ese momento tan divertido juntos si no por lo felices que eran disfrutando de su compañía mutua. Cuando acabaron de desayunar ya era tarde así que Alan decidió volver a casa.
- te veo en la tarde ¿vale?
- está bien aquí te espero - antes de que saliera por la puerta de su casa Layla se acercó a él y le dio un abrazo, le estaba muy agradecida por todo lo que estaba haciendo por ella, no era un chico cualquiera y ella lo sabía.
- Gracias por los churros - le dijo mientras le abrazaba, él la estrechó entre sus brazos y fue una abrazo muy cálido y lleno de cariño
- no ha sido nada tranquila, ahora debo irme ha sido un gusto desayunar contigo - se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla - adiós Layla hasta la tarde.
- hasta luego - se despidió con una gran sonrisa.

Esa tarde no todo saldría como esperaban los dos, las cosas cambiarían.

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