domingo, 30 de marzo de 2014

CAPÍTULO 22

En el hospital de Lead dos semanas después

Layla estaba allí, en la sala de espera, estaba esperando a Alexander, su médico, hace una semana que le había realizado unas pruebas para ver como evolucionaba su amnesia temporal, estaba de los nervios, no sabía lo que le iba a decir, aunque ella notaba que había avanzado bastante porque recordaba mucho comparado con lo poco que recordaba hace unas semanas.
- Tranquila cariño todo irá bien – le decía su madre mientras le cogía la mano para tranquilizarla.
- Sí, lo sé mamá pero aun así estoy muy nerviosa.
De repente aparece Alexander por la puerta de la sala y la llama.
- Layla, ven conmigo acompáñame.
- yo te esperaré aquí – le dice su madre, que considera oportuno que Alexander hable a solas con Layla.
Los dos se van y entran en el despacho de Alexander, cierra la puerta e invita a Layla a sentarse, encima de la mesa ve un sobre, da por supuesto que son los resultados de sus análisis.
- Bueno Layla – dice Alexander mientras coge el sobre para abrirlo – la verdad es que estoy muy contento contigo, has evolucionado muy bien, no te puedo decir que estabas completamente recuperada, lógicamente siempre quedan secuelas, pero te repito que estoy muy contento de la gran evolución que has hecho a lo largo de estas semanas, supongo que habrás recordado bastante ¿verdad? – Layla al escuchar todo lo que estaba diciendo Alexander se sintió muy tranquila.
- Sí, la verdad es que he recordado varias cosas, aunque algunas me han costado un poco más la verdad.
- Cuéntame poco a poco como ha sido tu progreso.
- La verdad al principio me costó bastante, porque estaba demasiado frustrada al ver que no recordaba absolutamente nada, pero cuando fui a casa empecé a recordar poco a poco, vi fotos, a mis amigas, no todo me vino a la cabeza enseguida hay cosas que me costaron demasiado – en ese  momento Layla se quedó callada, se está dando cuenta de que si no llega a ser por Alan que no se ha alejado de ella ningún día tal vez le hubiera costado el doble recordar, aunque el tampoco conocía muy bien la ciudad, la llevaba a todos sitios y siempre estaba con ella, sacaba al menos una hora para estar con ella y ayudarla, entonces sonrió.
- Dime, que es lo que te ha producido esa sonrisa te has acordado de alguien ¿verdad?
- Sí, bueno… - se ruborizo, no se había dado cuenta de que su médico la miraba atentamente, y tampoco se había fijado de que su médico también estaba sonriendo.
- Créeme, se perfectamente lo que es estar enamorado, no soy tan viejo como parece ¿no? Apenas tengo 25 años – entonces los dos se echaron a reír ¿27? Pero qué joven es, pensaba Layla, la verdad tiene mucha suerte la chica que este con él, se nota que es un chico bastante comprensivo y carismático.
- Bueno, si tienes razón tal vez… me estaba acordando de la persona que en estos días me ha ayudado tanto con esto.
- Me parece muy bien que tengas al alguien que te ayude, la verdad con la ayuda de otra persona todo resulta siempre más fácil, bueno Layla creo que va siendo hora de que te vayas, que nos alargamos hablando y tengo más pacientes que atender, ha sido un gusto verte y espero que dentro de poco estés completamente recuperada, cuídate.
- Muchas gracias Alexander, lo mismo digo, adiós.
Layla salió de la sala muy feliz, la verdad su médico además de ayudarla también parece un psicólogo, lo considera una buena persona y ha conseguido que se tranquilizara. Vuelve con su madre y le explica lo que le ha dicho Alexander, su madre muy entusiasmada le escucha al detalle lo que le cuenta su hija y luego vuelven a casa.
         En cuanto llegan Layla sube a su cuarto y coge su móvil, marca un número y espera a que le contesten.
- Hola Layla – se escucha la voz de una chica en la otra línea.
- Hola Ana ¿Cómo estás?
- muy bien la verdad, estaba pensando que puedo preparar por el cumpleaños de Alan, te iba a llamar por si podías echarme una mano ¿Qué te parece?
- Justamente te llamaba por eso, he tenido una idea y podríamos prepararle una sorpresa.
- Claro es una buena idea, tu dime lo que necesitas para la fiesta que lo pongo yo, tu que conoces más a mi hijo seguro que se te ocurre algo bonito, muchas gracias por ayudarme.
- Sí, yo preparo la fiesta y te diré que necesito.
- Bueno entonces cualquier cosa que necesites, llámame, cuídate y te repito que muchas gracias.
- No hace falta que me las des, esto también lo hago por agradecerle a Alan todo lo que ha hecho por mí, adiós Ana.
Cuelga y se siente feliz, tiene que preparar algo realmente increíble, algo que lo sorprenda y para ello necesita la ayuda de sus amigas, entonces envía por Whatsapp un mensaje en el Chat de grupo que tiene con sus amigas: “¡Chicas! Necesito vuestra ayuda urgentemente, sí podéis venir a mi casa esta tarde y hablamos, os lo agradecería, os quiero un beso” y lo envía, todas van respondiendo poco a poco afirmando que irán en la tarde a su casa, todas preguntan de que se trata pero Layla dice que prefiere contarles en persona.
Llega la tarde y poco a poco van llegando, la primera en llegar es Elisabeth.
- ¡Layla, cuanto tiempo sin verte! Pensé que ya te habías olvidado hasta de mi nombre – y suelta una carcajada – te he dejado miles de mensajes, te he llamado, pero nada chica no ha habido manera de comunicarse contigo en todo este mes dime ¿Qué es de tu vida?
- Lo siento mucho de verdad – se acerca a ella y le da un fuerte abrazo y beso, sabe que ha hecho mal no estando tiempo con sus amigas – he estado… con Alan.
- ¡Oh! Creo que alguien tiene algo que contarme ¿no?
- Aun no somos novios, pero ha estado bastante pendiente de mí estos días ayudándome.
- Tu mismo lo has dicho cariño, aun no – y le guiña un ojo, Layla se siente tan feliz estando con Elisabeth otra vez, recuerda que es con la que mejor se ha llevado siempre, además es tan carismática y divertida que no podría perderla como amiga.
- No seas tonta Eli – le dice mientras le saca la lengua.
- Sabes que te gusta ese chico y demasiado ¿acaso no es así? Te conozco como la palma de mi mano pequeña.
- Sí, tienes razón, pero bueno… tiempo al tiempo.
- y bueno que es eso por lo que con tanta urgencia nos has dicho que viniéramos, dime.
- es mejor cuando estemos todas Eli.
- Odio que hagas eso, siempre me dejas con la incógnita con todo, eres una malvada.
- No lo soy, bueno y dime ¿Qué tal con tu chico?
- ¿con Carlos?
- Claro ¿o acaso ya tienes otro novio?
-¡No! Claro que no, la verdad que bien, aunque a veces tenemos nuestras discusiones como todas las parejas, pero lo considero perfecto – dice con una sonrisa de oreja a oreja – el otro día cuando hicimos cumplimos nuestro aniversario me sorprendió mucho lo que hizo.
- ¿un año ya? ¿En serio? Perdóname por no acordarme, se me olvido completamente, soy de lo peor
- No pasa nada, pero sí que ¡Mala amiga! Que no mujer, es broma – Layla se acercó a ella y le dio un abrazo súper fuerte.
- Pero bueno cuéntame, creo que tenemos tiempo de sobra, las chicas aun no llegan.
- Pues…


Hace una semana

Elisabeth se despertó y lo primero que vio fue un ramo de rosas enorme encima de su mesita de noche, tenía una tarjeta y la cogió, dentro ponía “¡Feliz aniversario, princesa! Un año contigo, pero eso es poco comparado con todo el tiempo que nos queda por estar juntos. Te quiero” era de él, Carlos había estado allí sin que ella se diera cuenta y le había dejado ese ramo tan bonito, cuando se levantó vio que había pétalos de rosa esparcidos por el suelo y se dio cuenta de que formaban un camino, entonces se levantó y siguió el camino hasta donde le conducía, la cocina, cuando acabo el camino de pétalos había un sobre y dentro un papel “Te he preparado tu desayuno favorito con mucho cariño, tal vez si abres la puerta podamos compartirlo juntos ¿Qué te parece la idea” Cierra el sobre y entra en la cocina y allí estaba él, tenía todo preparado, gofres y churros con dos tazas de chocolate, un zumo de naranja y pétalos de rosas por todos sitios “que bonito” pensó Elisabeth, entonces corrió hasta donde estaba él y le dio un beso muy fuerte.
- Muchas gracias por todo cariño.
- En realidad muchas gracias a ti pequeña, gracias por aguantarme tanto todo este año.
- Este y los que hagan falta – al ver todo lo que había preparado su chico y lo bonito que le parecía ese momento, una lagrimilla corrió por su mejilla – Te quiero – y le obsequio otro beso en los labios.
- Bueno será mejor que nos sentemos a desayunar, sino se enfriara el chocolate – los dos se sentaron en la mesa y degustaron el rico desayuno que Carlos había preparado para ella, ese chico de ojos azules estaba tan feliz al ver como Elisabeth no paraba de sonreír, no había nada mejor para él que verla feliz.
Cuando acabaron el desayuno él se levantó, pero le dijo a ella que no lo hiciera, se fue a el salón y traía algo en las manos.
- Tápate los ojos – le dijo antes de entrar en la cocina.
- Está bien
Él se dirigía a ella y delante de ella le puso lo que traía.
- Puedes abrirlos – le dijo mientras le dio un beso en la mejilla, ella lo miro y se quedó atónita - ¿es que no piensas abrirlo?
- Claro que sí – tenía delante suya una caja, forrada con fotos de ellos, esos bonitos momentos que juntos habían pasado, la abrió y dentro había muchas cartitas pequeñas , y también había un CD, un anillo grabado en el que ponía sus nombres y su fecha de aniversario, también había un peluche pequeñito que cada vez que lo apretaba decía “Te quiero mucho” ,en la cajita de madera, al fondo del todo ponía “gracias por un año increíble al lado tuya pequeña, eres inolvidable, ahora no podría decir que te quiero, porque simplemente te amo”, ella se sorprendió al ver todo lo que había preparado para ella y le dio un abrazo tan fuerte que no quería soltarlo, en verdad quería a ese chico.
- Ahora voy yo ¿no crees? – ella subió a su habitación y busco el regalo que tenía preparado para él, cuando llegó también le obligó a cerrarse los ojos.
- Toma, para ti.
Carlos en cuanto abrió los ojos se llevó las manos a la boca.
- Eres increíble- Ella le había inflado unos globos con helio que tenía forma de corazón y en cada uno de ellos ponía una letra que formaba las palabras “te quiero” todos los globos estaban sujetos por una cajita, desató los globos uno a uno y abrió la cajita, dentro había una cartulina y de una manera muy original había puesto muchísimas fotos suyas que todas juntas formaban una sola de los dos, detrás había escrito una carta y la caja estaba llena de golosinas que a él le gustaban mucho, se acercó a ella y le dio un abrazo y un beso muy fuerte, se querían demasiado y sabían que todo iba mejor que nunca, pasaron todo el día juntos y disfrutaron mucho de su compañía.



- Y eso fue lo que hicimos.
- Pero que bonito Eli, la verdad es que se nota que os queréis demasiado, os deseo lo mejor del mundo – y le dio un abrazo.
Tocaron el timbre y allí estaban, Fernanda y Idaira.
- ¡Que tarde llegáis! – Lo dijo mientras se reía – pasad no os quedéis ahí.
Se fueron todas al salón y miraron a la vez a Layla.
- Bueno ahora que estamos todas, podemos hablar, aunque creo que primero podemos ponernos al día que hace mucho tiempo que no nos vemos.

Layla tenía muchas cosas que contar, y no era la única, todas se iban a sorprender con lo que una de ellas iba contarles.

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