domingo, 27 de octubre de 2013

CAPITULO 6

En una habitación la mañana siguiente

Layla se acababa de despertar, su primer pensamiento fue la estupenda tarde que paso ayer con Alan, ese chico tan especial con el que estuvo ayer y no puede olvidar, cuando regreso a casa su madre la noto más feliz de lo normal, tenía una sonrisa que no podía quitar de su cara, lo único que quería era volver a estar con él, solo pensaba en lo feliz que había sido durante unas pocas horas se había olvidado de todo incluso de lo que le había pasado hace menos de 3 semanas, Alan le había devuelto la ilusión de vivir, de seguir recordando, le había llenado de esperanza, ese chico tampoco lo había pasado bien, recuerda cuando le contó que el trabajo de su padre no les dejaba quedarse en un sitio fijo, cuando le dijo eso ella se desilusiono un poco porque pensó que no permanecería mucho tiempo allí, no podría conocerlo tanto como quisiera, pero todo cambio cuando el terminó diciendo que John, su padre le había dicho que estaba vez sería permanente, esta vez podría hacer su vida aquí empezar desde cero sin tener que esperar que cualquier día le dijera que se volverían a ir, le parecía un chico muy guapo, además de una gran persona con las ideas claras, cuando ella le contó lo que le había pasado se sorprendió de que el no fuera como todos los demás era la única persona hasta entonces que no le había dicho lo típico de "todo irá bien" recuerda sus palabras, esas que le llenaron de esperanza de nuevo: "Las cosas pasan por algo, si perdiste la memoria por algo fue, tal vez te parezca una tontería y dirás que suerte tengo que me ha tenido que tocar a mí, lo sé yo también pienso eso cuando algo me sale mal, pero no todo es malo, la verdad yo ahora mismo estoy más que agradecido de que me haya mudado, estoy conociendo a una persona increíble y si te das cuenta si no me hubiera mudado y sugiera en mi antigua casa, no estaría aquí contigo, viendo esa bonita sonrisa que tienes". Cuando Alan le dijo eso ella se puso roja como siempre, la hizo sonreír y sentir que parecía que le conocía de toda la vida, como si ese fuera un día de los tantos que han pasado juntos, Layla se imaginó como sería su lo hubiera conocido antes, igual todo hubiera salido mejor, pero aun no recuerda nada de cómo es su vida, solo a sus padres y poco más, Layla ha estado dándole mil vueltas a que si recuperó recuerdos vividos con sus padres nada más entrar en casa, cree que la solución sería ir a los sitios donde ha estado, estar con las personas que son importantes en su vida, tal vez así pueda recordar todo, se ha propuesto pasar por cada uno de esos lugares, quiere recuperar la memoria cuanto antes, entonces en ese momento se le ocurrió que podría decirle a Alan que le acompañe y así de paso le enseña un poco la ciudad, iba a llamarlo, pero hizo un chasquido cuando se dio cuenta que con las prisas no se pidieron los teléfonos, justo en ese momento tocaron al timbre de su casa, estaba esperando que su madre o padre fueran a abrir la puerta, al ver que nadie lo hacía decidió ir ella, estaba aun con el pijama, tal vez sería el cartero o alguna personas de las que suele dejar publicidad, cuando abrió la puerta se quedó perpleja, parecía una estatua, tenía delante suya nada más y nada menos que al chico que no apartaba de su cabeza desde que se había despertado, Alan estaba delante suya con su sonrisa perfecta
- Hola Layla, pasaba por tu casa y decidí hacerte una pequeña visita - le había mentido en realidad esta mañana él se había despertado con la idea de pasar por su casa a visitarla, estaba esperando que sus padres salieran de casa y en cuanto vio que los dos se subieron al coche, se dirigió a su casa con la intención de verla, estaba aun con el pijama pensó que la había despertado - ¿te he despertado? lo siento no era mi intención, si quieres vuelvo más tarde o  quedamos en el parque de ayer - igual había sido muy precipitado el ir a visitarla así inesperadamente, sin avisar.
- No pasa nada tranquilo, aunque justo me acababa de despertar y me has pillado con estas pintas - otra vez se ruborizo, la había pillado con el pijama puesto y sin peinar, completamente echa un desastre en esos momentos quería que la tierra la tragara, era una situación un tanto incomoda, pero a la vez divertida - pero pasa, subo a cambiarme y enseguida estoy contigo.
Layla lo hizo pasar y le hizo que la siguiera hasta el salón para que se sentará en el sofá, ella subió a cambiarse de ropa y a arreglarse un poco, para estar un poco más presentable después de como la había visto ya no había nada que remediar pensaba ella aunque cuando se imagina su cara al verlo allí en la puerta de su casa comenzó a reírse sola en su habitación, se miró al espejo y se dio cuenta que tampoco era para tanto, no era la forma en la que pretendía que le viera él pero no había más remedio, cuando ya estaba lista bajo y allí estaba él.
- ya estoy lista - dijo con una sonrisa.
- Perfecto - él se levantó, con los nervios se había olvidado de que le había traído a Layla unos churros para desayunar - ay! lo siento se me había olvidado que había traído esto para ti - él le ofreció los churros y ella los cogió encantada, cuando abrió la bolsa y vio que eran churros se rió, le pareció un bonito detalle
- muchísimas gracias Alan, los churros son mi debilidad, es más es mi desayuno preferido - ese chico cada vez le sorprendía más, sabía fijarse en los detalles y eso es algo que a ella le gusta mucho.
- me alegro que te gusten, he pasado por la churrería de aquí alado y pensé que igual te apetecería desayunar algo.
- ¿te apetece desayunar conmigo?
- Claro por qué no, no me parece mala idea - ya había desayunado pero no iba a rechazar la oferta de pasar más tiempo con Layla.
Cuando fueron a la cocina, Layla cogió dos tazas para servir el chocolate que su madre había hecho en el desayuno
- ¿te importaría poner los churros en un plato? -  le señalo donde tenía los platos y el cogió uno
  - claro que no, Lay
- ¿Lay? tú te aprovechas mucho de esto de la confianza ¿no? -Layla estaba bromeando pero como Alan no le conocía pensó que hablaba totalmente en serio y que igual había abusado mucho de la confianza que tenían
- lo siento de verdad, solo pretendía que te sintieras cómoda.
Layla se empezó a reír y el no entendía nada, Layla se acercó a él y le dio un beso en la mejilla
- Era una pequeña broma Alan para romper el hielo, quiero tener una buena relación contigo y que nos vayamos conociendo poco a poco
Alan también empezó a reírse y le devolvió el beso a Layla, ella no esperaba ese gesto de su parte así que otra vez sus mejillas ardiendo, Alan se rió al darse cuenta de que siempre  se sonrojaba, era una chica especial y eso era lo que le gustaba de ella, Layla intento cambiar de tema
- estuve pensando que tal vez podríamos salir un día de estos a dar una vuelta y te enseñaba la ciudad un poco ¿qué te parece?
- Justo estaba pensando en pedir ayuda a alguien porque necesito comprar unas cosas y no tengo ni idea de donde están las tiendas, bueno en resumen no sé dónde está absolutamente nada
- bueno tu dime el día y la hora y veré si te puedo hacer un hueco en mi apretada agenda - Layla lo miro con una mirada picara y sonriéndole, él se dio cuenta de que era otra de sus bromas así decidió seguirle la corriente
- pues sería posible señorita Layla que me hiciera un hueco esta tarde a las 5 si le parece bien y no tiene ningún plan claro.
Layla soltó una carcajada e hizo como si sacara una agenda imaginaria de su bolsillo y fuera pasando páginas.
- eres un chico con suerte, exactamente esta tarde la tengo vacía - le guiño un ojo cuando acabo la frase y le sonrió, se lo está pasando de maravilla, uno de los mejores desayunos desde hacía semanas.
- me parece genial entonces pasare a recogerla a esa hora señorita Layla
Los se echaron a reír, no solo por ese momento tan divertido juntos si no por lo felices que eran disfrutando de su compañía mutua. Cuando acabaron de desayunar ya era tarde así que Alan decidió volver a casa.
- te veo en la tarde ¿vale?
- está bien aquí te espero - antes de que saliera por la puerta de su casa Layla se acercó a él y le dio un abrazo, le estaba muy agradecida por todo lo que estaba haciendo por ella, no era un chico cualquiera y ella lo sabía.
- Gracias por los churros - le dijo mientras le abrazaba, él la estrechó entre sus brazos y fue una abrazo muy cálido y lleno de cariño
- no ha sido nada tranquila, ahora debo irme ha sido un gusto desayunar contigo - se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla - adiós Layla hasta la tarde.
- hasta luego - se despidió con una gran sonrisa.

Esa tarde no todo saldría como esperaban los dos, las cosas cambiarían.

domingo, 20 de octubre de 2013

CAPÍTULO 5

Ese mismo día en esa misma calle 

Alan estaba volviendo a casa y cuando iba caminando por la acera vio a una chica que lo dejo impresionado, en ese momento ella baja de un coche, cuando sus ojos se clavaron en los suyos no pudo apartar la mirada de ella, sus ojos azules como el cielo le hicieron olvidar todo, todavía la recuerda era una chica de mediana altura con el cabello largo castaño y ondulado, le produjo mucho cariño, tenía ganas de conocerla pero no se atrevió acercarse a ella y preguntarle cómo se llamaba le parecía algo muy descarado, sabía que otro día volvería a verla, vive en el mismo barrio así que seguro tiene la oportunidad de conocerla, se sentía feliz al recordarla, solo le quedaban unos pocos pasos para entrar a su casa, cuando entro saludo a su madre, y subió a su habitación, llevaba dos semanas en esa casa y aun no se había acostumbrado, ya sabía que le costaría pero siempre piensa que "todo a su debido tiempo" estuvo un momento entretenido jugando en la consola, la verdad estaba muy contento, sabía la razón y no conseguía apartarla de su cabeza, escucho como alguien golpeo en la puerta.
- Cariño ven a comer que la comida esta lista - Ana observo a su hijo que la miraba con una sonrisa en la cara y se dio cuenta en seguida de que Alan estaba inmensamente feliz, sintió mucha curiosidad – Alan que feliz se te ve ¿a qué se debe tanta felicidad? - sabía que podía preguntarle cualquier cosa la relación con su hijo era muy buena, tenía mucha confianza en ella y siempre le contaba todo lo que le pasaba para que lo aconsejara
- Mamá he visto a una chica preciosa, tenía los ojos azules eran increíbles no he podido apartar la mirada de ella, además vive en este barrio
- Te veo entusiasmado Alan, ¿No te has acercado a saludarle?
- Mama, ¿pero cómo voy a hacer eso? si hago eso igual se pensaba que estoy loco o algo, además ya sabes lo vergonzoso que soy...
- O igual pensaba que eres un chico amable que se acercó a saludarle y a querer conocerla, si dices que vive en este barrio deberías ir un día a dar un paseo igual la encuentras y puedes conocerla ¿no crees?
La idea que le acababa de dar su madre no le resulto mala es más estaba dispuesto a salir en la tarde a dar un paseo igual la veía y podía saludarla
- Tienes razón mama espero que no se piense que soy un loco – Alan termino la frase con una risa nerviosa
- Ya verás que todo sale bien, ahora vamos a comer que me muero de hambre - le dio un beso en la mejilla y los dos se dirigieron al comedor
Cuando acabaron de comer Alan se levantó le dio un beso en la mejilla a su madre y se fue a su habitación, estaba pensando en cómo sería el momento en el que le hablaría por primera vez, ¿y si se trababa? ¿O se quedaba callado y no le sale ni su nombre? estaba muy nervioso nunca le había pasado eso con una chica con la que no había cruzado palabra. Descanso un poco y después de dos horas salió de nuevo despidiéndose de su madre, esta se despidió con una sonrisa y deseándole suerte.
Salió por la puerta de su casa y con cada paso que daba se arrepentía de haberle hecho caso a su madre, pensó que había sido una mala idea y que no merecía la pena, pero algo le impulsaba a seguir caminando, cruzo por la casa de aquella chica pero paso de largo le parecía atrevido ir y presentarse así como si nada, llego a un parque y se sentó en un banco vio como jugaban los niños y como otros se unían al juego de los demás, pensó en lo fácil que era jugar con otros niños cuando era pequeño ojala fuera así de fácil presentarse a esa chica, estuvo sentado pensando en lo tonto que era quedándose allí sentado sin hacer nada, se arrepintió de no ser como los chicos de las películas, impulsivo que si quiere algo lo consigue, pero entonces se dio cuenta que la realidad es completamente diferente a la ficción. Se decidió por volver a casa, se levantó y empezó a caminar, iba con la cabeza gacha, un poco decepcionado de el mismo por no haber conseguido lo que tanto quería, de repente escucho la voz de una chica muy cerca suya, y sin querer choco con ella, lo que le faltaba ya para completar el día no ver ni por dónde camina, levanto la cabeza y vio a la joven con la que acababa de chocarse accidentalmente, no podía creérselo era ella, la chica que tanto estaba deseando ver, se había chocado con ella, la miro y otra vez le sucedió lo mismo no pudo despagar su mirada de esos ojos azules, entonces se dio cuenta que la chica se había sonrojado.
- Discúlpame, no miraba por donde iba... - Se había quedado sin palabras, no sabía ni pedirle disculpas, en ese momento le parecía que era patético, quería salir corriendo, pero no lo hizo
- No pasa nada ¡mira que no fijarme por donde camino! - intento despistar la atención de Alan para que no se diera cuenta que sus mejillas cada vez estaban más rojas.
- Ha sido culpa mía de verdad, lo siento
- Bueno creo que ya basta de disculpas ¿no? los dos tuvimos la culpa y ya esta no pasa nada - La chica acabo la frase con una sonrisa que fue correspondida por Alan - ya que nos hemos chocado al menos podrías decirme tu nombre ¿no crees?
- Claro mi nombre es Alan, encantado de conocerte, ¿tu cómo te llamas?
- Yo me llamo Layla, encantada también de conocerte - Layla ya no sabía que decir, estaba de los nervios, y Alan también, se quedaron callados unos segundos hasta que Alan tomo la palabra
- Bueno ¿cómo podría recompensarte este pequeño incidente? - Alan no paraba de sonreír, cuando estaba nervioso siempre le salía una sonrisilla nerviosa.
- ¿incidente? Pero si no ha sido nada Alan tranquilo
- Lo menos que puedo hacer es invitarte a dar un paseo, ¿Te parece bien? - Alan había dejado ya de pensar lo que decía, prefería dejarse llevar por la situación, pensó que así las cosas saldrían mejor, Layla no dejaba de mirarlo su sonrisa le encantaba
- Claro, además acabo de salir de casa para dar un paseo, después de tanto tiempo encerrada en la habitación de un hospital necesito respirar aire fresco - Layla también se estaba dejando llevar, tanto que hasta se le había escapado lo del hospital algo que no quería que nadie se enterara, pero ya fue tarde.
- ¿has dicho hospital? - Alan estaba sorprendido
- Si, perdona no quería decir nada pero lo he dicho sin pensar - sin darse cuenta los dos empezaron a caminar hacia el parque que hace 5 minutos había estado Alan.
- Bueno, no pasa nada si no quieres hablar de ello te entenderé - Llegaron al parque y se sentaron en un banco.
- No, tranquilo me pareces un buen chico veras es que... - Layla le contó lo que le había pasado hace dos semanas y Alan escuchaba atentamente, los dos se sintieron muy cómodos el uno con el otro, la conversación fluía con facilidad como si se conocieran de toda la vida, Alan le contó que se acababa de mudar, también que su familia estaba continuamente yendo de un sitio para otro, los dos se contaron muchísimas cosas, anécdotas hablaban, reían se olvidaron de todo y de todos y el tiempo se les fue volando cuando se dieron cuenta ya era casi la noche, entre ellos dos había surgido una química perfecta que les hacía muy felices a los dos, no querían irse, querían seguir hablando por horas, pero era hora de volver a casa además Lucía seguro que estaba preocupada porque su hija no volvía a casa, Alan acompaño a Layla a casa, llego el momento de la despedida un momento que ninguno de los dos había pensado antes, no sabían cómo actuar, otra vez nerviosos, otra vez le ardían las mejillas a Layla, los dos se miraron y rieron habían estado horas hablando y ya se había creado un vínculo de confianza.
- Bueno ha sido un placer conocerte Layla, eres una chica muy interesante, espero que esto sea el principio de una amistad y no se quede aquí en un pequeño incidente - Alan no quito en ningún segundo su sonrisa la sonrisa que tanto le encantaba a Layla.
- Lo mismo digo Alan, me ha encantado estar hablando horas contigo y espero volver a repetir esta tarde - Su sonrisa era mutua no paraban de sonreír - gracias por acompañarme a casa
- De nada, no ha sido nada además me pilla de camino a mi casa.
Cuando Layla se iba a despedir le iba a dar la mano, pero ese chico le había caído tan bien que decidió darle un beso en la mejilla, Alan se quedó petrificado Layla lo había besado la chica que hace unas horas era una completa desconocida ahora le acababa de dar un beso en la mejilla, eso provoco que las mejillas de Alan se pusieran completamente rojas.
- Adiós Alan hasta pronto - lo único que hizo él al verla cuando se alejaba fue alzar su mano para despedirse

Cuando volvía a casa no podía creer lo que había pasado, era increíble y si era un sueño estaba más que seguro que no quería despertar, no aparto en ningún momento la tarde que acaba de pasar, era la mejor de todas desde que había llegado a Lead, estaba inmensamente feliz, ese día sería el primero de los muchos que le quedarían por vivir con ella.
CAPÍTULO 4

Dos semanas después, en el hospital de Lead 

Layla estaba más entusiasmada que nunca, por fin saldría de aquel hospital después de 15 días eternos, estaba sentada encima de la cama esperando a sus padres para que vinieran a recogerla y poder ir a su casa aunque seguía sin recordar nada. 

13 días antes 
Estaba viendo la televisión y un médico entro a la habitación
- Hola Layla soy Alexander, tu médico
- Hola - le respondió con una sonrisa
- Mira te hemos realizado una serie de pruebas para saber qué es lo que te ha ocurrido y porque has perdido la memoria y los resultados pues... - Alexander temía la reacción de la joven
- Dímelo por favor no me sigas manteniendo con esta incertidumbre 
- Lo siento Layla, tu pérdida de memoria es crónica, te diste un golpe muy fuerte cuando vuestro coche salió despedido por el barranco y afectó a tu memoria.
- ¿quieres decir que no recuperare la memoria? 
- ¡No! claro que no, lo que pasa es que tardaras un poco en recuperarla será un duro y laborioso proceso en el que nosotros te ayudaremos, eso no lo dudes, aunque claro en cuanto a pérdidas de memoria nunca se sabe, hoy te digo que es crónica pero igual dentro de 2 semanas eres tu otra vez con la memoria recuperada del todo, aunque los análisis dicen que tardaras un poco en hacerlo. 
- Ojala pueda recuperar pronto la memoria, la verdad siento que soy una persona desconocida incluso para mí misma, Alexander... - tuvo recelo de terminar la frase
-si dime Layla ¿que deseas?
- últimamente tengo muchas pesadillas, bueno en especial siempre sueño con un chico, me resulta familiar.
- Pero exactamente ¿qué es lo que sueñas?
- Sueño que estoy justamente aquí y llega un chico, alto con el pelo un poco ondulado, de tez un poco morena, empieza a gritarme y a decirme que lo nuestro nunca funciono que fue un error el haber estado conmigo, me despierto siempre muy asustada y llorando no se quien ese chico pero me resulta muy familiar... - Layla ha estado intentando buscar en cada rincón de su cabeza una respuesta el porqué de esa pesadilla pero nada, todo está en blanco como si alguien hubiera apretado un botón de "borrar memoria" absolutamente nada ni un solo recuerdo, ni una imagen borrosa.
- Posiblemente sea una persona que tú conoces, pero por tu pérdida de memoria no la recuerdas, tranquila recuperaras la memoria y tendrás respuesta todas esas preguntas que pasan ahora por tu cabeza.

Layla recordaba lo que le dijo Alexander, su médico hace 13 días y se sentía imponente por no haber rescatado ni un solo recuerdo de su memoria desde el accidente, pero a la vez se sentía tranquila porque sabía que no sería para siempre simplemente sería temporal, era una chica muy positiva que aunque todo fuera muy mal ella siempre intentaba ver lo positivo, pensaba que todo problema tiene solución y que todo lo malo tiene algo positivo, se sentía feliz por poder irse por fin a casa con su familia, sentía que si volvía a su casa tal vez empezaría a recordar tenía un buen presentimiento, en ese momento en el que estaba dándole vueltas a todo entraron por la puerta Lucía y Fernando.
- Hola mi pequeña ¿cómo estás? - su madre corrió a abrazarla después de dos semanas sin verla se alivió el verla sin ningún rasguño excepto por su muñeca que la vio vendada, Layla no había podido recibir muchas visitas y a sus padres les acababan de dar el alta y tenían que guardar reposo en su casa era la primera vez que salían desde que se fueron del hospital.
- Hola, tú debes de ser... perdona no recuerdo nada... - Layla agacho la cabeza con tristeza al ver que no se acordaba ni de la mujer que le había dado la vida y con la que había compartido tantos momentos, después miro a el hombre que se encontraba detrás de su madre y supuso que el sería su padre, Fernando se dio cuenta de que su hija tenía una mirada triste entonces se acercó a ella y le tomo la mano.
- Cariño tranquila ya verás que todo saldrá bien - ¿todo saldrá bien?  Últimamente era la única frase que Layla no dejaba de escuchar a todas horas, todo el mundo le repetía que todo saldría bien pero de momento nada había mejorado desde el accidente, todo seguía exactamente igual excepto que era momento de volver a casa.
- Tan solo quiero salir de este hospital, ¿podemos irnos ya?
- Claro ahora mismo, hablamos con Alexander y nos vamos.
- está bien os espero aquí
Sus padres estuvieron hablando con su doctor quince minutos y después volvieron y se fueron a casa con Layla, los veinte minutos de viaje hasta su casa se le hicieron eternos pero al fin llegaron, cuando se bajó del coche vio a un chico alto de tez canela que cruzaba la calle, se fijó en Layla y la miro con cariño, incluso le sonrió esa chica le pareció muy guapa no podía despegar la mirada de ella, Layla pensó que igual lo conocía pero al no recordar a nadie le resultaba difícil saberlo, la joven entro en la casa pero se quedó pensando en ese chico y esa mirada tan cariñosa y reconfortante a la vez, cuando entro en la casa se quedó asombrada era muy grande pero a la vez una casa muy acogedora, miraba cada detalle de la casa, primero entro en el salón  y vio una mesa llena de fotos en ese momento por la cabeza de Layla empezaron a pasar millones de recuerdos, momentos que había pasado con sus padres en esa casa, los momentos que estaba reflejados en esas fotos, por fin sabía quién era esa chica de 18 años que hace 15 días no sabía ni como se llamaba, fueron tantos a la vez que por la mejilla de Layla rodó una lágrima de alegría, sintió tanta emoción al recordar por primera vez algo, un pequeño trozo de su vida, podía ser muy pequeño pero fue algo que le lleno de vitalidad, cuando sus padres entraron en la casa y Layla los vio salió corriendo a darles un abrazo, sus padres no entendían el porqué del abrazo de su hija pero ellos la abrazaron con todas sus fuerzas.
- Cariño ¿qué ha pasado? - dijo Lucía con curiosidad cuando se separó de su hija
- ¡Mama! ¡Papa! he recordado quien soy, quienes sois vosotros, he recordado algo por fin, lo único que necesitaba era volver a casa y sentirme cómoda - Layla no para de sonreír su sonrisa era perfecta e imborrable.
Su suerte empezaba a cambiar, pero eso no era todo dentro de poco sería mucho más feliz de lo que ya lo era. 

sábado, 12 de octubre de 2013

CAPÍTULO 3

Ese mismo día, en un hospital de la ciudad

Layla despertó en la habitación del hospital, no sabía qué hacía allí, mucho menos recordaba lo que le había pasado, cuando intento reincorporarse noto un dolor muy molesto en su muñeca entonces se dio cuenta de que tenía una escayola en la mano, se sentía cansada y con un enorme dolor de cabeza que ya no soportaba.
 Por la puerta de la habitación entro una chica que suponía que era una enfermera.
- Hola Layla, soy Laura, tu nueva enfermera ¿Te sientes mejor?
- ¿A caso me estás hablando a mí?
- Layla ¿te encuentras bien?
- Laura, no recuerdo nada ni tan siquiera quien soy, pero... ¿Qué me ha pasado? - Layla hizo la pregunta con un hilo de voz, una lágrima callo por su mejilla, se sentía vacía en su cabeza no había ni un solo recuerdo, ni uno suelto.
- tranquila recuperaras la memoria, todo saldrá bien, no te preocupes, lo que ocurrió es que tuviste un accidente automovilístico con tus padres, pensábamos que tendrías solo una fractura en la muñeca pero parece que te tendremos que hacer más pruebas para verificar que es lo que realmente te ha pasado.
Layla no le respondió estaba en estado de shock, intentaba rebuscar hasta en lo más recóndito de su cabeza un solo recuerdo, pero por más que lo intentaba no lograba recordar nada, solo conseguía frustrarse más, en un solo momento había olvidado 17 años de su vida. ¿A caso Laura había dicho sus padres? ¡Sí! claro que lo había dicho.
- ¡Mis padres! ¿Cómo están? Laura dime que están bien.
- Sí, claro tienen heridas leves pero están recuperándose, no debes preocuparte por nada, ahora lo importante es tu salud.
- espero que se recuperen pronto... Laura tengo mucho miedo ¿Y si no recupero la memoria? - Empezó a llorar, no podía parar quería que las cosas no hubieran pasado así pero ahora solo le quedaba resignarse y esperar a que el tiempo le ayude a recuperar la memoria.
- dentro de media hora subiremos a realizarte unas pruebas ¿está bien?
- si no tengo otra opción...
- luego vengo a buscarte Layla, no te preocupes confía en mi todo saldrá bien- le dijo Laura con una sonrisa en la cara, intentado reconfortar a la joven que todavía no podía creer lo que le había pasado.
Laura salió de la habitación y Layla decidió encender la televisión para no pensar en lo ocurrido, pero aun así no conseguía apartaba ni un segundo ese pensamiento de su mente, tocaron a la puerta de la habitación.
- Adelante
Por la puerta entraron sus dos abuelos María y José, su abuela la miro con mucho cariño y compasión, Laura la enfermera ya les había dado la mala noticia de que su pobre nieta no recordaba nada, ni tan siquiera quien era ella, pero que le harían una serie de pruebas para saber lo que realmente le había provocado la pérdida de memoria.
- Hola, creo que os habéis equivocado de habitación...
- Layla, pequeña soy yo tu abuela María ¿no te acuerdas de mí?
- Lo siento María pero no te recuerdo... no se ni quién soy yo...
- tranquila cariño no pasa nada todo irá bien dentro de poco te acordaras de todo y de todos nosotros, las personas que te queremos - le dijo José con un nudo en la garganta.
Su abuela no podía aguantar las ganas de echarse a llorar, ver a su pequeña así de esa forma le rompía el corazón solo guardaba la esperanza de que recuperara pronto la memoria
- Yo también espero que pronto todo vaya mejor...
- ¿quieres que nos quedemos aquí acompañándote o prefieres quedarte sola?
- si no os molesta, prefiero estar sola, muchas gracias por venir a verme.
- no pasa nada te entendemos, estaremos fuera para cualquier cosa.
María y José salieron de la habitación con la esperanza de que su nieta se recuperara lo más pronto posible.
Las visitas para Layla todavía no habían acabado, a los cinco minutos de que salieran sus abuelos tocaron otra vez la puerta y realizo la misma acción de invitarles a pasar a las tres chicas que habían tocado su puerta, eran sus tres mejores amigas, Fernanda, Idaira y Elisabeth que habían ido al hospital en cuanto se habían enterado de lo que le había pasado.
- ¡Layla! - dijeron las tres al unísono
Ella las contemplo a las tres jóvenes que acababan de entrar.
- ¿cómo estás? - le dijo Fernanda una chica morena, alta con el pelo castaño y unos ojos azules impresionantes.
- Lo siento pero no se quienes sois
- ¿Como que no nena? - Idaira se acercó a ella y le cogió de la mano - ¿no te acuerdas de esta chica que tanto te quiere? - Layla la miro a sus ojos verdes, le pareció una chica realmente guapa, no era nada del otro mundo pero esos ojos verdes hacía que fuera diferente, era alta al igual que ella y tenía el pelo negro con flequillo.
- Perdóname pero no me acuerdo de absolutamente nada.
- ¿pero qué te ha pasado aquí? - le dijo Elisabeth mirándole la muñeca escayolada.
- me he hecho daño en el accidente - aunque no sabía quiénes eran esas chicas se sentía realmente cómoda con ellas y le inspiraban mucha confianza.
- Tranquila Lay nosotras estamos aquí para cuidarte - le dijo Fernanda con mucho entusiasmo, se acercó a ella empujando a Idaira, esta después le saco la lengua y se apartó, le dio un abrazo a Layla y después un beso en la mejilla, la chica que recibió el beso en la mejilla se sintió reconfortada, cercana a aquella chica - para eso están las amigas ¿no?
Las chicas ya sabían que Layla había perdido la memoria, antes de entrar se habían encontrado con sus abuelos y le habían contado lo que había pasado. Esta vez no les dijo que se fueran, en realidad quería que se queden con ella para siempre, estuvieron hablando un buen rato, incluso consiguieron que olvidara lo que le estaba pasando en ese momento, hasta que llego Laura y le dijo que tendría que llevársela a hacerle las pruebas que le había dicho, antes de salir de la habitación se despidió de esas tres chicas tan cordiales y amables que habían conseguido hacerle sonreír, y ellas le prometieron que vendrían todos los días que estuviera en el hospital a visitarla.
CAPÍTULO 2

Mientras tanto en otro coche, ese mismo 19 de agosto

Alan un chico de 18 años bastante alto y de tez canela miraba por la ventana el nuevo paisaje que vería todos los días de ahora en adelante, otra vez mudarse de ciudad, el trabajo de su padre no les permitía vivir en un sitio permanentemente, era un empresario muy distinguido y siempre tenían que ir de un sitio a otro por los negocios que tenía su padre en diferentes ciudades, pero esta vez su padre le había prometido que no volverían a mudarse. Su madre lo miraba por el retrovisor. 
- Alan, cariño tranquilo que esta vez todo saldrá bien - Ana intentaba reconfortar a su hijo, quería que esta vez el hiciera su vida, tuviera amigos, y llevara una vida normal de un joven de 18 años.
- Ya verás que haces muchas amistades y conoces a mucha gente nueva, te prometo que esta vez no nos moveremos de aquí Alan -Le dijo Jhon intentando alegrar un poco a su hijo que no parecía muy satisfecho con la idea de empezar de cero otra vez.
Alan se limitaba a escuchar lo que sus padres le decían, en realidad estaba contento y entusiasmado, pero por otro lado estaba nervioso, ya se había mudado cinco veces pero siempre que se mudaba un cosquilleo le recorría el cuerpo, estaba vez con más razón ya que sería el comienzo de algo nuevo y duradero.
     Ya habían llegado a su nueva casa, una casa enorme tanto que parecía una mansión de las de las películas, se quedó asombrado al ver su casa.
- Papá ¿porque has comprado una casa tan grande? - Alan era un joven sencillo al que no le gustaban los lujos, aunque su familia era adinerada nunca se había dejado llevar por el dinero, tampoco le gustaba que las personas que conocía se enteraran que su padre era una persona de gran prestigio social, porque no le gustaba que por eso le trataran de una forma especial ni superior a los demás, simplemente le gustaba ser un chico más. Incluso cuando su padre le propuso ponerle un profesor particular, él se negó dijo que quería ir al colegio como los chicos normales y corrientes.
- Alan, viviremos aquí durante mucho tiempo y quiero que tú y tu madre estéis los más cómodos posible.
- Sí papá te entiendo pero para estar cómodos tampoco necesitamos vivir en una casa tan lujosa no crees.
Jhon ignoro el comentario de su hijo, él desde pequeño había estado acostumbrado a vivir con todas las comodidades posibles y creía que su hijo también debería vivir así, además sabía que le gustaría mucho su habitación y que enseguida le cogería cariño a aquella casa. Le invito a pasar mientras esperaba a su esposa Ana que estaba hablando por teléfono, cuando Alan entró en la casa se quedó maravillado y de cada cosa que veía se sorprendía, le recordaba a las casas de las películas americanas.
- Alan sube a la tercera planta es toda para ti espero que te guste - le dijo su padre guiñándole un ojo.
- ¿de verdad? ¿Todo un piso para mí solo? - con cada cosa que decía Jhon, se sorprendía era una sorpresa detrás de otra, al final pensó que la idea de vivir en esa casa le acabaría gustando más de lo que él pensaba y dentro de unos meses no querría irse.
Alan hizo caso a su padre y subió a la tercera planta, había tres habitaciones la primera era su habitación, la segunda sería su sala de estudio y la última sería la sala de juegos, le gustó mucho el detalle que su padre había tenido con él. De repente escuchó que alguien subía las escaleras y se acercó para ver quién era, su padre y su madre subían las escaleras en busca de su hijo, era hora de ir a conocer el nuevo colegio.
- Cariño es hora de irse la directora de tu nuevo colegio nos espera.
Con tantas sorpresas Alan había olvidado por completo que tenía que ir a conocer su nuevo colegio.
- ahora mismo voy mamá dame un segundo
- te esperamos en el coche, no tardes mucho

No estaba preparado para ver su nuevo colegio los nervios estaban pudiendo con él pero tenía que hacerlo además tenía la corazonada de que esta vez todo saldría mejor, bajo las escaleras y se dirigió hacía el coche.

miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPÍTULO 1


19 de agosto en Lead, dentro de un coche

Layla y sus padres Fernando y Lucía volvían de visitar a sus abuelos, María y José, los padres de Lucía. Hace ya varios días que las cosas entre sus padres iban mal, Fernando estaba tan ocupado con su trabajo de abogado que apenas tenía tiempo para su familia, esa situación empezaba a cansarle a Lucía.
- Fernando, cariño el próximo fin de semana es el cumpleaños de mi sobrino, y quería ir a casa de mi hermana para darle un regalo al pequeño -dijo Lucía con la esperanza de que él no tuviera que estar otro fin de semana más en la oficina como hacía últimamente, Fernando ya no solo trabajaba de lunes a viernes sino que también pasaba horas y horas los fines de semana metido en la oficina, estaba preparando un caso muy importante, tanto que ya no tenía tiempo ni para ir a su casa más que para dormir.
- Lucía ya te dije que tendré que pasar el próximo fin de semana en la oficina ya sabes que importante es el caso de mi cliente y si....
- ¡Sí, claro siempre es tu trabajo, tu jefe y tus clientes! Pero ¿Y la familia? ¿Dónde nos dejas a Layla y a mí? ¿No somos lo suficientemente importantes en tu vida? - Lucía empezó a alterarse, la situación que soportaba desde hace ya varias semanas estaba superándole y cada vez era peor - Sé que tienes que trabajar, pero apenas pasas tiempo con nosotras... - Por sus mejillas lentamente fueron cayendo dos lágrimas, pero enseguida se limpió las mejillas con la intención de que Fernando no se diera cuenta de que estaba llorando.
- Sabes que si pudiera pasar más tiempo en casa lo haría pero mi jefe no me deja, en cuanto pueda estar mucho más tiempo en casa créeme que no durare en estar aquí con vosotras.
Layla iba con sus auriculares a todo volumen por lo que apenas se percataba de que sus padres estaba discutiendo otra vez, prefería estar inmersa en la música, además ya tenía bastante con todas las discusiones que ella también había tenido con David días antes de terminar su relación, había pasado ya una semana y le parecía que no podría superar aquello una relación de dos años no se olvidan de la noche a la mañana y es que desde que terminaron, ella no ha dejado de darle vueltas a todas las cosas que vivió con él, pero tenía que asumir que había terminado y que posiblemente no hubiera marcha atrás.
- ¡Estoy harta de esto! - Grito Lucía tan fuerte que hasta Layla le escucho, y bajo el volumen para enterarse de lo que pasaba, estuvo a punto de decir algo pero decidió no intervenir en la conversación ya que sabía que si lo hacía todo acabaría peor de lo que ya iba, entonces se centró en lo que decía su padre.

- ¿Y tú crees que yo no? - Dijo Fernando mirando a los ojos a Lucía, notaba como el ambiente cada vez era más tenso, Fernando al despistarse de la carretera sin darse cuenta se fue metiendo en el carril contrario, tampoco se percató de que un coche se acercaba a gran velocidad por ese carril, por el contrario Layla si se estaba dando cuenta de lo que sucedía pero los gritos eran cada vez más fuertes y fue demasiado tarde cuando intento avisarle, Fernando escucho como el coche que se acercaba le pito entonces en un momento de desesperación cogió el volante y lo giro tan bruscamente que provocó que su coche saliera despedido por el barranco, lo último que se escucho fue un grito ahogado de Layla.

martes, 1 de octubre de 2013

PRÓLOGO


Todo comenzó hace apenas unos meses atrás parecía que la suerte de Layla, una chica de 18 años, no cambiaría desde aquel 19 de agosto, el fatídico día en que ella y sus padres, Fernando y Lucía, sufrieron un horrible accidente automovilístico, desde ese día su vida cambio por completo, su suerte parecía que cada día empeoraba más, justo días antes de aquel accidente su novio David había decidido terminar con su relación, un relación de dos años que le sería muy difícil superar, por otra parte las cosas en su casa cada vez iban de mal en peor, sus padres discutían cada tres segundos y en la casa reinaba un silencio absoluto la gran mayoría de los días, ya que, si se decía algo todo termina en discusión y gritos por todos sitios. Lo único que Layla podría sacar de positivo a el accidente por decirlo de alguna manera, era que no se acordaba de absolutamente nada, el accidente le había producido amnesia, los médicos no sabían si será temporal o no pero preferían no anticiparse a nada, ya que, ella podría recuperar la memoria de un momento a otro o no recuperarla pasado un largo periodo de tiempo, había sido un fuerte shock. Sus amigas Fernanda, Idaira, Elisabeth iban a visitarle al hospital ya que estuvo internada en él 15 días en los que empezaba a sentirse sola y aburrida, también le visitaban sus abuelos María y José pero Layla no recordaba a ninguna de las personas que veía día a día tan solo tenía un recuerdo borroso del accidente. Su suerte empezó a cambiar cuando conoció a Alan un chico que acababa de mudarse a su ciudad, y además iba con ella al instituto, él le ayudara día a día sentirse más segura y a recuperar su memoria. La suerte de Layla da un giro de 180 grados cuando aparece Alan, parece como si el destino haya decidido ponerlo en su camino justo cuando todo iba empeorando.
PRESENTACIÓN

Hola, me llamo Dayanna Chica Sánchez y soy una chica de 17 años que uno de sus hobbies es leer y también me encanta escribir por eso he decidido hacer este blog "Sujeta mi mano" para que las personas puedan leer lo que escribo y opinen sobre ello, también porque los blog son cada vez más visitados y creo que sería una buena forma de introducirse en el mundo de la escritura, mi inspiración fue un gran autor que comenzó hace mas o menos 5 años a ser escritor y se llama Blue Jeans gracias por inspirarme. Espero que muchas personas puedan visitar mi blog y decirme que les parece lo que escribo así como ir siguiendo cada semana la historia y no perder detalle de ella. Espero que todos aquellos que estén leyendo mi pagina de presentación les haya interesado y pasen por mi blog de vez en cuando. Muchas gracias por su atención :) un saludo enorme.