domingo, 7 de diciembre de 2014

CAPÍTULO 30

En el centro de Lead esa misma noche
Luisana está dando vueltas como loca por su habitación sabe que dentro de poco le llamará ella para preguntarle si funcionó su plan, no sabe qué hacer cuando la llame si contestarle o ignorarla, está completamente nerviosa y fuera de lugar, por dentro le invade también la rabia porque lo que pretendía no ha salido bien, parecía más fácil separar a esos dos, pero seguro que ahora están juntos reconciliándose, imaginarse esa imagen le hace retorcerse de furia a Luisana, coge una figurita de madera que tiene cerca y la lanza contra la pared cae al suelo y se rompe, está muy enfadada no solo porque el plan no haya salido como ella pretendía sino porque además sabe que dentro de poco ella le llamará y se enfadará aún más pero ¿Qué puede hacer ella? Justo entonces su móvil suena y la devuelve a la realidad, mira la pantalla y es ella ¿Qué hace? Pasan cinco segundos y decide contestar porque sabe que tarde o temprano tendrá que hacerle frente a esa situación y sabe lo difícil que se puede llegar a poner si la evade.
- ¿Sí?
- Hola Luisana, dime ¿Cómo ha ido? – Luisana se extraña al escucharla tranquila, parece que no se ha enterado lo que ha pasado.
- La cosa no ha ido sencillamente – dice ella en un tono seco y cortante
- Ya lo sé, ¿Qué te crees, que soy estúpida? Los he visto juntos en la puerta de su casa – Luisana escucha como al otro lado del teléfono respira profundamente- Te dije que lo retuvieras en tu casa el mayor tiempo posible, pero ya no puedes hacer ni eso ¡No sirves para nada! ¡Para nada! – ella grita tan fuerte que Luisana tiene que apartarse del teléfono.
- Fernanda, relájate. No está todo perdido, podemos ingeniar un nuevo plan o podemos… - la idea que tiene en mente no es buena así que la desecha enseguida, pero intenta de la mejor manera posible tranquilizar a Fernanda, cosa que parece imposible de conseguir.
- No me vengas con tonterías Luisana, este plan era perfecto para separarlos a esos dos, pero con tu inutilidad no podemos llegar a ningún sitio – Luisana recuerda lo amenazante que resulta Fernanda por momentos, bueno su relación siempre se ha basado en que ella le da órdenes y Luisana las acata a como de lugar sin rechistar, pero la situación entre ambas está llegando a un extremo que ella ya no aguanta y en ese mismo momento se llena de valentía.
- ¡Estoy harta de ti! ¡Harta! – grita Luisana esta vez más fuerte que Fernanda.
- A mi no me…
- ¡Cállate! Estoy hablando yo, estoy harta de que siempre la que hace mal las cosas soy yo, tú me dijiste hace dos meses ya, que si conseguía que Layla y David cortarán me presentarías a tus amigas y podía entrar en tu grupo de amigas y así sentirme parte de un grupo de verdad, formar parte de algo – La voz de Luisana empieza a escucharse entrecortada, las ganas de llorar brotan en sus ojos – pero no fue así, porque según tú lo había hecho mal y no me lo merecía, y ahora que lo intento por segunda vez me doy cuenta de que lo único que estás haciendo es utilizarme para llevar a cabo tus planes, esos planes que lo único que están haciendo es destrozar la vida de tus amigas.
- ¡Cállate! No sigas… ¡Cállate!
- No, no me voy a callar ya me he cansado de ser tu sirvienta de consentirte en todo lo que tú quieras, pronto te verás sola sin amigas, porque sinceramente tú y yo sabemos que no te mereces esas amigas que tienes, estás loca con todos tus planes y sus fines, ¡Estás loca! Necesitas ir a un psicólogo o no, mejor a un loquero si eso es – Luisana está perdiendo el control de la situación y Fernanda también está destrozada ha empezado a llorar, pero sin que Luisana lo note.
- ¡Déjame en paz! – Dice Fernanda y en ese momento tira el móvil por la ventana de su habitación. No quiere escuchar a nadie no necesita que una niñita estúpida como esa le diga a donde tiene que ir, ni necesita a nadie, se siente frustrada, llena de rabia, histérica. En cualquier momento perderá el control de la situación, ha olvidado tomarse su medicación, pero ahora mismo no tiene tiempo para pensar en eso y se va a dormir, ya ha pensado en lo que hará mañana y lo tiene todo perfectamente planeado.

Al día siguiente

Fernanda se despierta de sopetón, sabe que este día será un nuevo día y con un poco de suerte será mucho mejor que el de ayer, le da una punzada en el corazón solo con pensar en las palabras que le dijo Luisana, no le gusta que nadie le diga lo que es, si es una loca, es una forma de decirlo, su psiquiatra dice que no es así, pero ella sabe que en el fondo es una loca, una vez escucho a su madre hablando con él y le decía a su madre que ella no tiene cura para la enfermedad que tenía, pero con medicación posiblemente podría llevarla bien, y que intentara tranquilizarla cuando le dieran los brotes psicóticos que le suelen dar. Al recordar todo eso Fernanda tiene unas ganas tremendas de llorar, pero sabe que así solo recaerá más, nunca le ha contado a nadie sobre su enfermedad porque sabe que sino no sería aceptada por nadie, pero esa enfermedad le está arruinando la vida, y también las de sus amigas aunque ellas no lo sepan, al acordarse de sus amigas se acuerda del plan que tenía preparado para hoy y que espera que funcione, coge su teléfono y enseguida marca su número.
- ¡Hola Fer! ¿Cómo estás?
- Hola Eli, la verdad que no muy bien me acabo de despertar y estoy con fiebre, no he dormido muy bien en toda la noche, pero bueno eso es lo de menos ¿Qué tal con Carlos? – pregunta mostrando interés.
- Muy bien al final está todo solucionado, una compañera suya del colegio le tendió una trampa, la verdad que hay personas que tienen una mente muy retorcida ¿no crees? – Fernanda al escuchar a su amiga pega un puñetazo a su almohada maldiciéndola, otra que dice que está loca, bueno no lo ha dicho directamente piensa, pero ella se da por aludida – Muchas gracias por estar conmigo ayer, la verdad que me estaba volviendo loca en casa sin saber que hacer – ¿será broma verdad? Parece que hoy todos se han levantado con ganas de recordarle en cada momento que es una loca.
- De nada, para eso estamos las amigas – dice a regañadientes mientras estruja la almohada.
- Fer, ¿Quieres que vaya a visitarte? Quiero recompensarte lo que hiciste ayer por mí ¿Qué te parece? – perfecto piensa ella y se levanta de un salto de la cama, acaba de caer en su juego.
- Te lo agradecería mucho, si no te importa- dice ella en un tono dulce pareciendo simpática.
- Claro que no, en una hora estaré allí, adiós- dice Eli con una sonrisa a través del teléfono y sin que le dé tiempo a contestar a Fernanda, cuelga.
-¡Perfecto! – grita Fernanda de alegría dando vueltas por toda la habitación.
Su plan ha salido como ella quería y no ha tenido que hacer ningún esfuerzo por convencer a su amiga de que vaya a su casa, en realidad no está enferma, pero se ha cansado de ocultarle a Eli lo que siente por su novio y le va a decir unas cuantas cosas. Fernanda lleva dos días sin tomar su medicación, pero no está la pesada de su madre para recordárselo porque se ha ido de viaje, así que hace caso omiso a su subconsciente cuando se lo recuerda, tiene cosas más interesantes que hacer que tomarse las pastillas, como pensar en todo lo que le tiene que decir a la estúpida de su “amiga”. Se desespera ver cómo pasan los minutos tan lentos hasta que venga Eli a su casa y justo cuando ha pasado una hora y siete minutos el timbre suena y Fernanda eufórica corre a abrir la puerta, antes de abrirla se calma un poco y abre la puerta.
- Hola Fer ¿Cómo sigues? ¿Estás mejor? – Eli se sorprende al verla perfectamente, parece ser que se ha recuperado.
- Sí, estoy estupenda, pasa – le dice en un tono seco y cortante.
- ¿Te pasa algo? – le pregunta Eli preocupada.
- Ahora vas a saber lo que me pasa estúpida – dice Fernanda entre dientes.
- ¿Qué? No te entiendo
- Nada, ¡Qué pases he dicho! – que rara está Fernanda piensa Eli, aunque piensa que es por la fiebre.
- Está bien – Fernanda le hace una señal señalando que siga hasta el salón
- Siéntate en el sofá –Eli se dirige hacia el salón para sentarse y antes de que pueda sentarse, Fernanda la empuja contra él.
- ¿Qué pasa Fer? ¿Estás bien? – No haberse tomado sus medicamentos hace dos días le están pasando factura y está empezando a perder el control de la situación.
- ¡Cállate! – le dice mientras empieza a dar vueltas por el salón como intentando acordarse de algo.
- Fer, creo que la fiebre te ha afectado mucho creo que deberíamos ir al hospital para que… - escuchar la palabra hospital la pone más nerviosa e histérica.
- ¡No me llames Fer! Así solo me llaman mis amigas y no necesito ningún hospital estoy perfectamente.
- Esta bien Fer…nanda, tranquilízate.
- No me digas que me tranquilice, desde hace mucho tiempo llevo aguantándome todo lo que tengo que tengo que decirte así que no digas nada solo escúchame – respira hondo preparándose para todo lo que tiene que decirle a esa chica que desde hace tiempo le está arruinando la vida desde su forma de ver las cosas.
- Estoy cansada de ti, de que siempre te vaya bien todo, en el instituto tienes buenas notas, en tu familia todo te va de maravilla, y luego esta Carlos el chico perfecto – suspira resignadamente y Eli está que no cabe en su sombro por lo que le está diciendo su amiga o bueno… la que parecía su amiga, le entran ganas de llorar al verla de esa manera y darse cuenta de pronto de tantas cosas – a él lo vi yo primero ¡pero no! Se tenía que fijar en ti, en la chica guapa, la chica perfecta, quien se iba a fijar en una alguien como yo – dice empezando a llorar – dímelo tú, soy insignificante ¿verdad? ¡Dilo!
- No lo diré, eres una gran persona aunque no lo creas y eres muy guapa, no sé porque te menosprecias tanto, y lo siento si Carlos se tuvo que fijar en mí, pero seguro que ahí fuera hay un chico perfecto para ti también Fernanda, no lo digo a broma es verdad, créeme solo tienes que tener un poco de paciencia no desesperes – Fernanda la odia más porque sabe que todo lo que dice lo dice por pena y porque no quiere que le haga daño, entonces en ese momento coge una de las botella de vino coleccionables que tiene su madre en la estantería junto con otros, y se aproxima a ella, ha perdido completamente el control, ya no solo de la situación si no de ella misma, ya no sabe ni lo que está haciendo, no piensa en nada solo en que tiene que acabar ya con toda esa situación que cada día hace que se sienta peor.

Se acerca a ella a toda velocidad y en un momento parece que se para el tiempo, Eli intenta defenderse y Fernanda intenta esquivar sus movimientos de defensa, y en un segundo todo da la vuelta, Eli horrorizada por lo que acaba de suceder contempla a Fernanda, será muy difícil salir esta situación.