CAPÍTULO 30
En el
centro de Lead esa misma noche
Luisana está dando vueltas como loca por su habitación sabe que
dentro de poco le llamará ella para preguntarle si funcionó su plan, no sabe
qué hacer cuando la llame si contestarle o ignorarla, está completamente
nerviosa y fuera de lugar, por dentro le invade también la rabia porque lo que
pretendía no ha salido bien, parecía más fácil separar a esos dos, pero seguro
que ahora están juntos reconciliándose, imaginarse esa imagen le hace
retorcerse de furia a Luisana, coge una figurita de madera que tiene cerca y la
lanza contra la pared cae al suelo y se rompe, está muy enfadada no solo porque
el plan no haya salido como ella pretendía sino porque además sabe que dentro
de poco ella le llamará y se enfadará aún más pero ¿Qué puede hacer ella? Justo
entonces su móvil suena y la devuelve a la realidad, mira la pantalla y es ella
¿Qué hace? Pasan cinco segundos y decide contestar porque sabe que tarde o
temprano tendrá que hacerle frente a esa situación y sabe lo difícil que se
puede llegar a poner si la evade.
- ¿Sí?
- Hola Luisana, dime ¿Cómo ha ido? – Luisana se extraña al
escucharla tranquila, parece que no se ha enterado lo que ha pasado.
- La cosa no ha ido sencillamente – dice ella en un tono seco y
cortante
- Ya lo sé, ¿Qué te crees, que soy estúpida? Los he visto juntos
en la puerta de su casa – Luisana escucha como al otro lado del teléfono respira
profundamente- Te dije que lo retuvieras en tu casa el mayor tiempo posible,
pero ya no puedes hacer ni eso ¡No sirves para nada! ¡Para nada! – ella grita
tan fuerte que Luisana tiene que apartarse del teléfono.
- Fernanda, relájate. No está todo perdido, podemos ingeniar un
nuevo plan o podemos… - la idea que tiene en mente no es buena así que la
desecha enseguida, pero intenta de la mejor manera posible tranquilizar a
Fernanda, cosa que parece imposible de conseguir.
- No me vengas con tonterías Luisana, este plan era perfecto para
separarlos a esos dos, pero con tu inutilidad no podemos llegar a ningún sitio
– Luisana recuerda lo amenazante que resulta Fernanda por momentos, bueno su
relación siempre se ha basado en que ella le da órdenes y Luisana las acata a
como de lugar sin rechistar, pero la situación entre ambas está llegando a un
extremo que ella ya no aguanta y en ese mismo momento se llena de valentía.
- ¡Estoy harta de ti! ¡Harta! – grita Luisana esta vez más fuerte
que Fernanda.
- A mi no me…
- ¡Cállate! Estoy hablando yo, estoy harta de que siempre la que
hace mal las cosas soy yo, tú me dijiste hace dos meses ya, que si conseguía que
Layla y David cortarán me presentarías a tus amigas y podía entrar en tu grupo
de amigas y así sentirme parte de un grupo de verdad, formar parte de algo – La
voz de Luisana empieza a escucharse entrecortada, las ganas de llorar brotan en
sus ojos – pero no fue así, porque según tú lo había hecho mal y no me lo
merecía, y ahora que lo intento por segunda vez me doy cuenta de que lo único
que estás haciendo es utilizarme para llevar a cabo tus planes, esos planes que
lo único que están haciendo es destrozar la vida de tus amigas.
- ¡Cállate! No sigas… ¡Cállate!
- No, no me voy a callar ya me he cansado de ser tu sirvienta de
consentirte en todo lo que tú quieras, pronto te verás sola sin amigas, porque
sinceramente tú y yo sabemos que no te mereces esas amigas que tienes, estás
loca con todos tus planes y sus fines, ¡Estás loca! Necesitas ir a un psicólogo
o no, mejor a un loquero si eso es – Luisana está perdiendo el control de la
situación y Fernanda también está destrozada ha empezado a llorar, pero sin que
Luisana lo note.
- ¡Déjame en paz! – Dice Fernanda y en ese momento tira el móvil
por la ventana de su habitación. No quiere escuchar a nadie no necesita que una
niñita estúpida como esa le diga a donde tiene que ir, ni necesita a nadie, se
siente frustrada, llena de rabia, histérica. En cualquier momento perderá el
control de la situación, ha olvidado tomarse su medicación, pero ahora mismo no
tiene tiempo para pensar en eso y se va a dormir, ya ha pensado en lo que hará
mañana y lo tiene todo perfectamente planeado.
Al día siguiente
Fernanda se despierta de sopetón, sabe que este día será un nuevo
día y con un poco de suerte será mucho mejor que el de ayer, le da una punzada
en el corazón solo con pensar en las palabras que le dijo Luisana, no le gusta
que nadie le diga lo que es, si es una loca, es una forma de decirlo, su
psiquiatra dice que no es así, pero ella sabe que en el fondo es una loca, una
vez escucho a su madre hablando con él y le decía a su madre que ella no tiene
cura para la enfermedad que tenía, pero con medicación posiblemente podría
llevarla bien, y que intentara tranquilizarla cuando le dieran los brotes
psicóticos que le suelen dar. Al recordar todo eso Fernanda tiene unas ganas
tremendas de llorar, pero sabe que así solo recaerá más, nunca le ha contado a
nadie sobre su enfermedad porque sabe que sino no sería aceptada por nadie,
pero esa enfermedad le está arruinando la vida, y también las de sus amigas
aunque ellas no lo sepan, al acordarse de sus amigas se acuerda del plan que
tenía preparado para hoy y que espera que funcione, coge su teléfono y
enseguida marca su número.
- ¡Hola Fer! ¿Cómo estás?
- Hola Eli, la verdad que no muy bien me acabo de despertar y
estoy con fiebre, no he dormido muy bien en toda la noche, pero bueno eso es lo
de menos ¿Qué tal con Carlos? – pregunta mostrando interés.
- Muy bien al final está todo solucionado, una compañera suya del
colegio le tendió una trampa, la verdad que hay personas que tienen una mente
muy retorcida ¿no crees? – Fernanda al escuchar a su amiga pega un puñetazo a
su almohada maldiciéndola, otra que dice que está loca, bueno no lo ha dicho
directamente piensa, pero ella se da por aludida – Muchas gracias por estar
conmigo ayer, la verdad que me estaba volviendo loca en casa sin saber que
hacer – ¿será broma verdad? Parece que hoy todos se han levantado con ganas de
recordarle en cada momento que es una loca.
- De nada, para eso estamos las amigas – dice a regañadientes
mientras estruja la almohada.
- Fer, ¿Quieres que vaya a visitarte? Quiero recompensarte lo que
hiciste ayer por mí ¿Qué te parece? – perfecto piensa ella y se levanta de un
salto de la cama, acaba de caer en su juego.
- Te lo agradecería mucho, si no te importa- dice ella en un tono
dulce pareciendo simpática.
- Claro que no, en una hora estaré allí, adiós- dice Eli con una
sonrisa a través del teléfono y sin que le dé tiempo a contestar a Fernanda,
cuelga.
-¡Perfecto! – grita Fernanda de alegría dando vueltas por toda la
habitación.
Su plan ha salido como ella quería y no ha tenido que hacer ningún
esfuerzo por convencer a su amiga de que vaya a su casa, en realidad no está
enferma, pero se ha cansado de ocultarle a Eli lo que siente por su novio y le
va a decir unas cuantas cosas. Fernanda lleva dos días sin tomar su medicación,
pero no está la pesada de su madre para recordárselo porque se ha ido de viaje,
así que hace caso omiso a su subconsciente cuando se lo recuerda, tiene cosas
más interesantes que hacer que tomarse las pastillas, como pensar en todo lo
que le tiene que decir a la estúpida de su “amiga”. Se desespera ver cómo pasan
los minutos tan lentos hasta que venga Eli a su casa y justo cuando ha pasado
una hora y siete minutos el timbre suena y Fernanda eufórica corre a abrir la
puerta, antes de abrirla se calma un poco y abre la puerta.
- Hola Fer ¿Cómo sigues? ¿Estás mejor? – Eli se sorprende al verla
perfectamente, parece ser que se ha recuperado.
- Sí, estoy estupenda, pasa – le dice en un tono seco y cortante.
- ¿Te pasa algo? – le pregunta Eli preocupada.
- Ahora vas a saber lo que me pasa estúpida – dice Fernanda entre
dientes.
- ¿Qué? No te entiendo
- Nada, ¡Qué pases he dicho! – que rara está Fernanda piensa Eli,
aunque piensa que es por la fiebre.
- Está bien – Fernanda le hace una señal señalando que siga hasta
el salón
- Siéntate en el sofá –Eli se dirige hacia el salón para sentarse
y antes de que pueda sentarse, Fernanda la empuja contra él.
- ¿Qué pasa Fer? ¿Estás bien? – No haberse tomado sus medicamentos
hace dos días le están pasando factura y está empezando a perder el control de
la situación.
- ¡Cállate! – le dice mientras empieza a dar vueltas por el salón
como intentando acordarse de algo.
- Fer, creo que la fiebre te ha afectado mucho creo que deberíamos
ir al hospital para que… - escuchar la palabra hospital la pone más nerviosa e
histérica.
- ¡No me llames Fer! Así solo me llaman mis amigas y no necesito
ningún hospital estoy perfectamente.
- Esta bien Fer…nanda, tranquilízate.
- No me digas que me tranquilice, desde hace mucho tiempo llevo
aguantándome todo lo que tengo que tengo que decirte así que no digas nada solo
escúchame – respira hondo preparándose para todo lo que tiene que decirle a esa
chica que desde hace tiempo le está arruinando la vida desde su forma de ver
las cosas.
- Estoy cansada de ti, de que siempre te vaya bien todo, en el
instituto tienes buenas notas, en tu familia todo te va de maravilla, y luego
esta Carlos el chico perfecto – suspira resignadamente y Eli está que no cabe
en su sombro por lo que le está diciendo su amiga o bueno… la que parecía su
amiga, le entran ganas de llorar al verla de esa manera y darse cuenta de
pronto de tantas cosas – a él lo vi yo primero ¡pero no! Se tenía que fijar en
ti, en la chica guapa, la chica perfecta, quien se iba a fijar en una alguien
como yo – dice empezando a llorar – dímelo tú, soy insignificante ¿verdad?
¡Dilo!
- No lo diré, eres una gran persona aunque no lo creas y eres muy
guapa, no sé porque te menosprecias tanto, y lo siento si Carlos se tuvo que fijar
en mí, pero seguro que ahí fuera hay un chico perfecto para ti también
Fernanda, no lo digo a broma es verdad, créeme solo tienes que tener un poco de
paciencia no desesperes – Fernanda la odia más porque sabe que todo lo que dice
lo dice por pena y porque no quiere que le haga daño, entonces en ese momento
coge una de las botella de vino coleccionables que tiene su madre en la
estantería junto con otros, y se aproxima a ella, ha perdido completamente el
control, ya no solo de la situación si no de ella misma, ya no sabe ni lo que
está haciendo, no piensa en nada solo en que tiene que acabar ya con toda esa
situación que cada día hace que se sienta peor.
Se acerca a ella a toda velocidad y en un momento parece que se
para el tiempo, Eli intenta defenderse y Fernanda intenta esquivar sus
movimientos de defensa, y en un segundo todo da la vuelta, Eli horrorizada por
lo que acaba de suceder contempla a Fernanda, será muy difícil salir esta
situación.